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CIENCIAS SOCIALES, DESPOLITIZACIÓN Y EL ELEFANTE AZUL

Yvon Grenier, Profesor del Departamento de Ciencias Políticas, St. Francis Xavier University, Nova Scotia, Canadá.

CONVIVENCIA,  Abril, 2017

Original Article: http://www.convivenciacuba.es/index.php/sociedad-civil-mainmenu-53/1459-ciencias-sociales-despolitizacion-y-el-elefante-azul

Cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje. La crítica de la sociedad, en consecuencia, comienza con la gramática y con el restablecimiento de los significados”.                                                                          Octavio Paz, Postdata (1970).

Desde el triunfo de la revolución, el gobierno cubano se ha esforzado para despolitizar la sociedad, “achicando” el lenguaje utilizado para hablar de política en el país. En la conocidísima novela “1984” de Orwell, desde hace poco desbloqueada en la isla, la “neolengua” se explica como un proyecto a largo plazo de reducción del lenguaje y de disminución del alcance del pensamiento. El triunfo de la revolución cubana (un triunfo de la voluntad política) condujo al fin en la isla de la disciplina académica que analiza el uso del poder en la sociedad: la ciencia política. Como el término “política” se hizo equivalente, tanto en la teoría como en la práctica, con la revolución, el socialismo y el marxismo-leninismo, la ciencia política desapareció durante la primer década del régimen, (como la sociología de 1980 a 1991), para ser reemplazada por un “diamat / hismat” tanto como ideología oficial que como un paradigma obligatorio en las universidades.

Los estudiosos cubanos parecen estar de acuerdo en que una “renovación” del discurso/paradigma comenzó a tener lugar durante la segunda mitad de los años ochenta, a raíz de la campaña oficial de “rectificación de errores”. Pero aún así, como sustituto a la ciencia política, lo que todavía encontramos en Cuba son las ciencias sociales y humanidades blandas que hablan de política, de diplomacia y de administración pública, pero nunca de poder y de quién lo tiene. Imagina esa situación: un montón de gente en una habitación con un elefante azul en el medio, y el reto es hablar de lo que está pasando en la habitación, sin hablar jamás del deslumbrante mamífero.

En un artículo reciente, el economista canadiense Arch Ritter destaca algunas de las implicaciones de esta situación. Para él, “una de las consecuencias de la ausencia de la disciplina de ciencia política en Cuba es que solo tenemos una vaga idea de cómo funciona realmente el gobierno cubano. ¿Quién en el Politbureau y el Comité Central del partido realmente toma decisiones? ¿Hasta qué punto y cómo las presiones de las organizaciones de masas afectan realmente a la toma de decisiones, o el flujo de influencia siempre es de arriba a abajo y no el inverso? ¿Qué papel desempeñan las grandes empresas conglomeradas que se encuentran en la economía del dólar internacionalizada y la economía del peso en el proceso de formulación de políticas? ¿La Asamblea Nacional es simplemente una concha vacía que, por unanimidad, aprueba cantidades prodigiosas de legislación en períodos de tiempo extremadamente cortos?” Enseguida pregunta retóricamente: “¿Por qué este análisis político está esencialmente prohibido en las universidades cubanas? Puedes adivinar la respuesta” -concluye Ritter. Bueno, sí, podemos: tiene que ver con los tabúes acerca del elefante azul. Pero la respuesta completa no es tan obvia. La ciencia política puede existir bajo un régimen no democrático. Y de nuevo, vale la pena explorar por qué un país desbordado de política, donde casi nada sucede sin la intervención del gobierno y la inapelable revolución, es a la vez extrañamente apolítico. Por apolítica quiero decir que a pesar de toda la inflación de los símbolos políticos y el llamado popularmente “teque”, no hay espacio para discusiones políticas genuinas, debates verdaderos y análisis del proceso político, y escasas fuentes confiables de información y datos sobre “quién obtiene qué, cuándo y cómo”, para utilizar la definición de la política del politólogo Robert Dahl. La política está en todas partes, pero como un tótem, no como un proceso deliberativo en el sentido de Aristóteles o Hannah Arendt.

En el ámbito de la expresión pública en Cuba, es generalmente posible: 1. Deplorar públicamente los errores cometidos en el pasado (especialmente durante el purgatorio llamado Quinquenio Gris) por malos funcionarios; 2. Lamentar la pobreza de crítica y debate en la isla como consecuencia de problemas internos tanto en el ámbito cultural y educativo como en los medios de comunicación; y 3. Examinar con algún aliento crítico los problemas sociales en Cuba, especialmente si ya han sido identificados públicamente como tales por la dirección política, pero sin discutir sus posibles causas políticas. Esos son los parámetros. En ciencias sociales, es aconsejable partir del marxismo-leninismo como fundamento metodológico e ideológico, o al menos no ponerlo en tela de juicio. Desde allí se pueden explorar teorías no-marxistas (el posmodernismo fue popular durante los años 90), pero con cuidado, sin cuestionar el paradigma único. También se acogen con beneplácito las blandas descripciones de las estructuras jurídicas y los debates técnicos sobre las políticas públicas en revistas de ciencias sociales como Temas. Por último, pero no por ello menos importante, los estudiosos de las ciencias sociales e intelectuales deben denunciar el dogmatismo y celebrar las críticas y el debate, como invariablemente lo hace el mismo liderazgo político, pero asegurándose de reafirmar los dogmas oficiales. En otras palabras, la tarea principal y el desafío para los académicos es doble: fingir el pensamiento crítico, y stay in the game (permanecer en el juego).

Previsiblemente, los “debates” en Cuba cuentan con oradores ultra-cautelosos que en su mayoría están de acuerdo unos con otros, siendo toda la energía redirigida hacia las polémicas contra los enemigos oficialmente sancionados y los flagelos intemporales del gobierno: dogmatismo, burocratismo, corrupción, descontento juvenil, residuos pre-revolucionarios del sexismo y el racismo, y por supuesto, el imperialismo norteamericano, el “bloqueo” y el orden mundial capitalista. Todos se animan para “mejorar el socialismo”, y de hecho los líderes políticos rutinariamente desafían a los “intelectuales públicos” a atreverse más, pero el espacio permitido es mucho menos tangible que la anticipación del castigo si se violan los parámetros. La mejor estrategia de supervivencia es la autocensura y la ambigüedad. En cualquiera de estos “debates” (como los de Último Jueves, por ejemplo) las soluciones a los problemas convergen hacia la posición oficialista: más participación, más compromiso con L’Etre Suprême revolución, y a mejorar un sistema político en movimiento (La Revolución sin fin) pero irrevocable (Artículo 62 de la Constitución vigente). No se puede hablar de cómo funciona el sistema político exactamente porque eso necesitaría, en Cuba, como en cualquier otro país, un examen crítico de quién obtiene qué, cuándo y cómo. Es significante que cuando unos se atreven a abordar el tema, como fue excepcionalmente el caso de un “debate” de Último Jueves en febrero de 2016, no hay ninguna discusión sobre “cómo funciona”, solamente comentarios generales sobre posibles mejoras, las cuales invariablemente pasan por una reafirmación de los objetivos oficiales.

Marxismo-Leninismo como pensée unique

El marxismo-leninismo es una ideología conveniente para el gobierno cubano por dos razones. En primer lugar, abrazar y estudiar sus textos canónicos adormece la curiosidad sobre los procesos de toma de decisiones reales bajo un tipo de régimen que fue solo un sueño durante la vida de Marx: el comunismo. Marx escribió ampliamente sobre las fallas estructurales de las sociedades capitalistas (y pre-capitalistas), pero casi nada sobre la transición al comunismo. Aparte de las nebulosas referencias a la Comuna de París y las glosas sobre las estrategias revolucionarias en su “Crítica del Programa de Gotha”, el análisis de Marx del comunismo es más teleológico que político. En Cuba de hoy, el marxismo es una ideología que permite criticar los enemigos del gobierno. En segundo lugar, el marxismo-leninismo puede usarse como una teoría o un paradigma en ciencias sociales, como ocurre en todas partes (hoy más en humanidades y estudios culturales que en ciencias sociales y no en economía). Pero en sociedades abiertas, el marxismo compite con otras teorías e interpretaciones, lo que le da una vitalidad inexistente en países donde es una pensée unique. No es sorprendente que el Marxismo no sea muy sofisticado en Cuba: la ausencia de crítica genuina, la cual pasa por la confrontación con otras perspectivas, es una sentencia de muerte para cualquier perspectiva científica o filosófica. Por consiguiente, se puede repetir infatigablemente que el marxismo cubano es crítico y humanista, al revés del marxismo soviético (i.e. del pasado) “rígido” y “mecánico” defendido (y definido) por nadie. Pero no se puede realmente explorar cual es la diferencia entre los dos. En otras palabras, se puede criticar el “estalinismo” (como desviación del modelo marxista-leninista) pero no la Constitución de Stalin de 1936.

Uno de los efectos de la parametración en ciencias sociales es la presencia de un cierto estilo de comunicación que es blando, resbaladizo y oblicuo, que finge la complejidad y termina siendo poco concreto. Rafael Hernández, director de la revista Temas, declaró en 2014, en un artículo sobre las “estructuras políticas” en Cuba, que en su país se puede encontrar:

“[…] un consenso político alterado, contradictorio y heterogéneo, en cuya reproducción convergen viejos y nuevos sujetos sociales, que son los ciudadanos cubanos reales. Estrictamente hablando, estos no están repartidos solo en fábricas y campos sembrados, cursos universitarios y maestrías de negocios, hospitales y hogares de ancianos, cooperativas, talleres de equipos electrónicos, parroquias, sino en ministerios, oficinas del PCC, batallones de artillería, escuelas superiores para la formación de cuadros de dirección, y publicaciones estatales y eclesiásticas. Estos diversos sujetos sociales ejercen su condición ciudadana desde una inusitada pluralidad, correspondiente a una gama de clases y grupos, ocupaciones, generaciones, géneros, colores de piel –además, naturalmente, de sus particulares ideas políticas”.

Conclusión

Un país no puede sobrevivir sin historiadores, matemáticos, economistas, biólogos, etc. Aparentemente sí se puede subsistir sin genuinas ciencias políticas… pero ¿a qué precio? Para funcionar bien y utilizar plenamente su capital humano, un sistema político necesita información, transparencia, examen crítico y comparativo de las políticas y de los dirigentes, con respeto pero sin miedo a la verdad. No hay sistema político perfecto, ni mucho menos. En Cuba se necesita mejores datos sobre cómo funciona realmente su sistema político, y análisis a fondo de los problemas y de sus posibles causas políticas, levantando el velo del secreto que cubre la mayoría de las transacciones políticas. Para que esa importante transición tenga lugar, mis estimados colegas tendrán que jugar un papel crucial. Historiadores de la diplomacia, filólogos marxistas y tímidos contadores de la administración pública no son sustitutos de politólogos de verdad. La iniciativa podría emerger dentro de las filas de las ciencias sociales o incluso, de institutos de investigación y centros de estudios, como Convivencia. De otra manera, el “debate” político en Cuba seguirá siendo, para parafrasear lo que Borges dijo sobre la metafísica, una rama del género fantástico.

Yvon Grenier, Profesor del Departamento de Ciencias Políticas. St. Francis Xavier University, Nova Scotia, Canadá.

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ACADEMICS FROM CARLETON UNIVERSITY HELPED “JUMP-START” WESTERN ECONOMICS IN CUBA AFTER THE COLLAPSE OF THE SOVIET UNION.

How Carleton profs brought Western economics to Cuba

zzzzzzzzzJustin Trudeau speaks to a University of Havana audience plus officials in the Aula Magna, Universidad de la Habana, November 16, 2016

Here’s how it happened: after the Soviets ended their “special relationship” with Cuba, the faculty of economics at the University of Havana wanted to introduce supply-demand micro and macroeconomics into its curriculum.

This was no small problem. Soviet economics had virtually disappeared, and Cuban economists were left orphaned. They didn’t even speak the language of Western economics, and they found it difficult to communicate with their counterparts in the rest of the world.

Carleton economist Archibald “Arch” Ritter, an expert in economic development, was at the first meeting in Havana in December 1993. The meeting brought together academics from Canada, Chile, Argentina and the University of Havana as well as officials from the International Development Research Centre (IDRC) to hammer out a plan.

The  group decided to organize a joint master’s program in economics, mainly for young faculty members from Cuban universities, to be offered at the University of Havana. Carleton’s then-president Robin Farquhar approved the agreement. The program was up and running six months later.

Financed for the first two years by the IDRC and in its final three years by the Canadian International Development Agency with support from the United Nations Economic Commission for Latin America, the program was later expanded to include biology, business, linguistics, women’s studies and public administration. Professors were recruited from Canada and Latin American countries.

 “It was neat to jump-start the introduction of Western economics to Cuba,” says Ritter, who taught in Havana part-time for five years. “And we did it on a shoestring budget.”

The project had broad support at the University of Havana, but it was far from unanimous, says Ritter. The students, however, “were all most congenial and very keen.”

In his blog, former student Luis Casaco, who now lives in Uruguay, recalls the day a stranger arrived in a classroom while he was making a presentation. She identified herself as a member of the communist party. The presentation continued, but there was a confrontation and the students defended their position that Cuba needed a radical transformation towards a market economy and a democratic system.

The woman angrily left the classroom. The next day, Casaco was called in for an urgent meeting.

“The woman started speaking in an irritating, slowly and softly way on the importance of the program, while emphasized the interest of some sectors in the university to dismantle it,” Casaco recalled. “She started to get angry, and said that the university belongs for the revolutionary people.”

Casaco’s professors came to his aid, including Ritter. “If they threaten you and intend to force you to stop free-speaking, I will shut down this program,” he recalls Ritter saying. “And then he added: ‘This is not a class of the communist Cuban party; this is a Carleton University class.’”

The program ran until 2001. Between 1991 and 1997, there was a shortage of food in Cuba after subsidies from the Soviet Union ended. “People were very thin,” said Ritter.

Many of the Cuban graduates went on to earn PhDs in economics both inside Cuba and at Carleton. Some left Cuba and built their lives elsewhere. According to Ritter’s count, 31 of the 76 graduates had left Cuba to go to Canada, the U.S. and countries in Latin America as of 2010.

“We contributed to a change in the climate of opinion, and changed the teaching of economics,” says Ritter.

zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzCarleton University economics professor Arch Ritter, pictured in Cuba in 2015 in a 1955 Chevrolet, taught part-time for five years at the University of Havana.

Ritter is often called upon to answer questions about Cuba. So, what will happen in the wake of Fidel Castro’s death?

Ritter doesn’t think it will change much. Castro has been mostly out of the picture since he became ill about a decade ago. Castro’s brother Raúl, now 85, served under his brother for 46 years. He was officially made president in 2008, and instituted a major set of reforms in 2010-11, which have liberalized small businesses.

“I don’t see much of change in the short run,” says Ritter. “Raúl will pretty much pick his successor. The succession will follow Raúl’s line. Raúl is very cautious. It took him almost five years to decide on the reform package.”

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LA UNIVERSIDAD DE LA HABANA, EN EL PUESTO 59 EN AMÉRICA LATINA

14ymedio, La Habana | Junio 16, 2016

zzzzCaptureThe QS University Rankings: Latin America 2016 – a ranking of the 300 top universities in the Latin American region.  The methodology can be viewed here.

Among the Top 100 Universities in Latin America:

  • Brazil has # 1, #2, and #5 and a total of 24;
  • Argentina, 20 in total;
  • Chile, # 3 and 15 in total;
  • Mexico, #4 and 14 in total;
  • Colombia, 12 in total;
  • Venezuela 4 in total
  • Peru, 3 in total., and
  • Cuba 1 in total

The complete rankings can be seen here: University Rankings: Latin America 2016

 Salen del listado el centro de Cienfuegos Carlos Rafael Rodríguez y la CUJAE zuniversidaddelahabanaafet3Universidad de La Habana, circa 1952

La Universidad de La Habana se sitúa en la posición 59 del listado de los 300 mejores centros de estudio de América Latina de este año elaborado por QS y publicado este martes. Pese a mejorar su posición en comparación con el año pasado, cuando se clasificó en el puesto 83, la institución académica se mantiene por debajo de los estándares de excelencia defendidos por las autoridades de la Isla.

Solo dos universidades del país han logrado colarse en el ránking, la otra es la de Santiago de Cuba, en el puesto 145, que empeora frente a 2015, cuando llegó a colocarse en el 141. Salieron del listado los centros de Cienfuegos Carlos Rafael Rodríguez y la José Antonio Echeverría – CUJAE, que el año pasado cerraban la clasificación (entre los puestos 250 y 300).

Entre los mayores problemas que señalan los estudiantes de la Universidad de La Habana se encuentra el deficiente acceso a internet. Cada alumno recibe una cuota de horas de navegación al mes, según el año de estudio que cursa, pero la baja velocidad de conexión y la antigüedad de las computadoras en la sala de información digital lastran la experiencia.

El listado, que se publica por sexto año consecutivo, se elabora a partir de cinco criterios principales: el impacto de la investigación y la productividad, el compromiso de los docentes, la capacidad de los diplomados para conseguir empleos, el impacto en internet y, por primera vez este año, se tomó en cuenta también la internacionalización.

Otros factores determinantes son, de acuerdo con los autores, la reputación académica del centro de estudio, la proporción de estudiantes por facultad. Aunque el QS University Rankings para América Latina es parte de la iniciativa global QS World University Rankings, los métodos de evaluación difieren según las distintas zonas del mundo para adaptarse al contexto regional.

Lidera la clasificación la Universidad de Sao Paulo, seguida por otro centro brasileño, el de Campinas, y por la Pontificia Universidad Católica de Chile.

zCuba-Nov-2008-041Alma Mater 1995, Photo by Arch Ritter

ztankThe Faculty of Law in Background, Photo by Arch Ritter, circa 1996

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