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SEIS LECCIONES DE LA POLÍTICA MONETARIA CUBANA

El Sep 01, 2020 11:47 pm

August 31, 2020

Pavel Vidal

Profesor de la Universidad Javeriana Cali

En Cuba, como en la casi totalidad de las economías este año, la Covid-19 es la principal amenaza para la producción de bienes y servicios, el empleo y el bienestar social. Para mitigar sus impactos, ha sido necesario expandir el gasto y el endeudamiento público, lo cual genera otros desafíos en materia de estabilidad macroeconómica a mediano plazo.

Medir los equilibrios macroeconómicos en Cuba siempre ha sido embarazoso debido a las múltiples monedas y tasas de cambio, y a los rezagos y naturaleza incompleta de los datos oficiales sobre la balanza de pagos, la deuda externa y la inflación.

En el gráfico de este artículo se muestra la trayectoria de dos índices que intentan buscarle alguna solución a esta problemática. En vez de enfocarnos en el valor puntual de una variable, los índices examinan la tendencia común de un grupo de indicadores relevantes para aproximar la posición expansiva o contractiva de las políticas macroeconómicas.

Sin entrar en detalles técnicos, la metodología de los índices sirve para capturar el co-movimiento entre las variables asociadas a cada política en una perspectiva de largo plazo (desde 1985 hasta 2019). El índice de política fiscal incluye el gasto público total, el valor de los subsidios del gobierno a las empresas estatales y el déficit fiscal (los tres se toman del presupuesto del Estado y se calculan como proporción del PIB) y el salario promedio real en el sector estatal.

Elíndice de política monetaria incluye el dinero circulante y las cuentas de ahorro en pesos cubanos (como proporción del PIB), el índice de precios al consumidor en pesos cubanos (CUP) y la tasa de cambio del peso cubano en relación con el dólar estadounidense para la población.

En el gráfico se aprecia que los índices tienden a moverse juntos en el largo plazo, reflejando la dependencia de la política monetaria a la política fiscal debido al mecanismo de financiamiento de los déficits fiscales mediante emisión de dinero por parte del Banco Central (solo desde 2015 comienza a usarse la emisión de bonos públicos). Ambos índices tienen un pico expansivo a principios de los años 90, cuando los déficits fiscales superaron el 30% del PIB, la inflación se disparó a tres dígitos y en los mercados informales el peso cubano se depreció hasta 150 por dólar. Después llegó el ajuste macroeconómico de los años 1994 y 1995 a partir de las entonces llamadas “medidas de saneamiento financiero”. Luego se distingue un período de relativa estabilidad fiscal y monetaria, hasta 2005.

En el esquema de política monetaria diseñado tras la desdolarización, los beneficios de los acuerdos con Venezuela y la llamada Batalla de Ideas (incremento significativo del gasto público en programas sociales) se combinaron para conducir la política fiscal hacia una nueva senda expansiva desde 2005, que terminó con la crisis financiera doméstica en 2008 y 2009. Le siguió el reajuste macroeconómico impulsado por Raúl Castro durante sus primeros años en la presidencia. Sin embargo, desde 2015 tanto la política fiscal como la monetaria otra vez derivan hacia posturas notablemente expansivas.

Es normal y beneficioso para cualquier economía que las políticas macroeconómicas transiten por ciclos expansivos y contractivos siempre y cuando se respeten determinados límites que garantizan la estabilidad macroeconómica. En el caso cubano, seis principales lecciones pueden extraerse de la trayectoria de los índices de política fiscal y política monetaria:

  1. Antes de la llegada de la Covid-19 las políticas fiscales y monetarias venían expandiéndose para suavizar los impactos de los choques previos (crisis venezolana y escalamiento de las sanciones del gobierno estadounidense). Por tanto, son muy estrechos los espacios que en 2020 tienen las políticas macroeconómicas para acomodarse a las necesidades de la compleja situación económica sin provocar una aceleración de la inflación. Desde el presupuesto del Estado es poco lo que puede hacerse para incrementar los subsidios a empresas y familias y fomentar la inversión sin que ello añada riesgos a la estabilidad monetaria. Que se hayan agotado las municiones macroeconómicas para hacerle frente a este nuevo choque de enormes proporciones, es más alarmante en una economía sin un acceso fácil a los mercados internacionales de capitales y que no es miembro de las principales instituciones financieras multilaterales.
  1. Sin bien la tendencia expansiva de las políticas macroeconómicas es para preocuparse, en 2019 todavía los desbalances monetarios y fiscales no llegaban a los niveles más altos de los años 90. Pero falta ver qué sucede en 2020. En marzo se hizo una corrección del plan de la economía y del presupuesto del Estado para el año en curso, y muy probablemente el déficit fiscal vuelva a aumentar. Las informaciones anecdóticas revelan para este año significativos aumentos de precios y una depreciación del peso convertible (CUC) en los mercados informales. Las largas colas en las tiendas constituyen un síntoma de inflación reprimida.
  1. Debido a la caída que se debe producir en los ingresos al presupuesto del Estado, en medio de la actual recesión, es una prioridad ampliar el mercado de los bonos públicos. Para sostener un alto déficit fiscal sin añadir más presión a la inflación, una opción es emitir más bonos públicos. El Banco Central y el Ministerio de Finanzas y Precios (MFP) ya anunciaron que buscarán que no solo los bancos estatales compren los bonos, sino también las empresas y las personas. Pero un mercado de bonos no se crea de la noche a la mañana y varias cosas tendrían que cambiar en el MFP para que estos bonos sean atractivos y confiables. Deberían instrumentar una regla fiscal y trabajar con un marco fiscal de mediano plazo, por ejemplo.
  1. Las dos veces que el Banco Central decidió dolarizar parcialmente la economía (1993 y 2019) ha sido después de notables choques en la balanza de pagos, pero también después de que se acumularan sustanciales desbalances fiscales y monetarios tras excesivas posturas expansivas en las políticas macroeconómicas. Esos desbalances terminaron afectando la credibilidad y la convertibilidad de la(s) moneda(s) nacional(es). En estas circunstancias, las familias comienzan a preferir ahorrar y operar en monedas extranjeras. En el sistema empresarial, cuando las monedas nacionales pierden su convertibilidad, estas no permiten pagar deudas en divisas e importar insumos y se entorpece el funcionamiento del comercio exterior y de todo el aparato productivo. En respuesta, el gobierno autoriza el empleo del dólar para aislar algunos subsectores y mercados de estas distorsiones, buscando generar recursos externos en el corto plazo. Se acude a un sistema dual en el que unas empresas florecen, mientras otras languidecen sin garantizarse un crecimiento económico inclusivo y sostenible en el largo plazo. Si en el futuro el gobierno cubano quiere transitar de forma permanente a un sistema monetario regido por una moneda nacional tendrá que aprender a manejar las políticas macroeconómicas y los choques en la balanza de pago de una forma muy diferente.
  1. Hay factores en el manejo de la política monetaria que desde hace ya un rato vienen actuando contra la convertibilidad y estabilidad del CUC. En 2004 fue un error la decisión de romper la caja de conversión que respaldaba al CUC (por cada CUC en circulación había un dólar de reserva en el Banco Central) sin reemplazarse por otra regla regulando su emisión. La poca transparencia y la total discrecionalidad con que se manejó la impresión de CUC le dio vía libre al gobierno para financiar gasto público en esta moneda sin siquiera tener el control de la Asamblea Nacional. La necesidad de redolarizar en 2019 se explica, en el fondo, por todas estas fallas en el diseño del esquema de política monetaria tras la desdolarización en 2004. Lo que ocurre es que en las economías centralmente reguladas, con mercados segmentados y controles cambiarios y de precios los errores en las políticas económicas, toman más tiempo en manifestarse y reconocerse. Puede superar una década, como con el CUC.
  1. En 2004 el Banco Central consiguió desdolarizar la economía después de sostenerse la estabilidad fiscal y monetaria durante diez años. Por tanto, si el dólar acaba de reinstaurarse en la economía cubana tocará esperar tal vez otros diez años durante los cuales se corrijan los actuales desequilibrios y la confianza en la moneda nacional, antes de que al Banco Central se le ocurra proponer una nueva desdolarización. La unificación monetaria está descartada en el corto y mediano plazo. Se podrá sacar el CUC y hacer alguna corrección en las tasas de cambio, pero se mantendrá la dualidad CUP/USD.

PVA Política Monetaria (ed) + Access.pdf

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DOLLAR BACK IN CUBA AS PANDEMIC AND US SANCTIONS HAMMER ECONOMY

The communist government has been forced to allow citizens to spend US currency at special shops, formalising a split between haves and have-nots

Ed Augustin in Havana

The Guardian, Tuesday 18 Aug 2020 10.00 BST

Original Article: https://www.theguardian.com/world/2020/aug/18/cuba-dollar-stores-coronavirus?CMP=Share_iOSApp_Other

 

On Paseo del Prado, a boulevard in Havana’s colonial district, dozens of people waited expectantly as the staff raised the shutters to open a tatty but revamped shop.

Soon after, Alejandro Domínguez, 23, emerged, brandishing meatballs and a giant tin of chopped tomatoes he had just bought with US currency left as tourist tips at his family’s restaurant. “This is a way to get products you can’t find elsewhere,” he said.

The dollar is back in communist Cuba.

For the first time since the fall of the Soviet Union, Cubans with access to greenbacks are able to buy higher-quality products in exclusive hard currency stores.  In the last two years, Cuba has been increasingly boxed in by declining deliveries of cheap oil from its main ally, Venezuela, and hardened sanctions imposed by a Trump administration eyeing the Cuban-American vote in Florida.

But the island’s cash crisis was brought to a head by the coronavirus pandemic, which has left Cuba without revenue from tourism for four months.

“We’re at a crossroads where there’s practically no other way out,” said Oscar Fernández, professor of economics at the University of Havana. “The state is looking for alternatives so it can keep buying food and medicine.”

So on 20 July, the cash-strapped island opened 72 new “dollar stores”, selling everything from cheese to power drills.

Cuba last opened dollar stores in 1993 as an emergency stopgap when its economy was tanking during the so-called Special Period. The dollar was taken out of circulation and replaced by the CUC in 2004.

The government’s rationale for reopening hard currency stores – to increase supply and to rake in foreign currency – is broadly accepted but the mordant irony of the measure escapes few.  The new policy is an implicit admission that the CUC – officially valued at 1:1 with the US dollar – is not worth as much as claimed. Photograph: Yamil Lage/AFP via Getty Images

Recognising the dollar – possession of which was once a criminal offence – as legal tender is a reluctant nod to the financial power of the United States. But it’s also an implicit admission that the CUC, which is officially pegged at 1:1 with the dollar, is not worth as much as the government claims.

The measure draws a line between the haves and the have-nots.  On a recent morning, Elio Núñez, 45, a welder who receives dollars from abroad, was queueing outside one of them, hoping to buy soap, coffee, ham or “whatever’s in stock”. Achieving absolute equality, he said, is a chimera. “Some people can afford things, others can’t. It’s like that the world over.”

Perhaps with optics in mind, the new supermarkets do not allow customers to pay in cash. Rather, Cubans must deposit greenbacks in a dollar-denominated account and pay by debit card in store.

In a stormy speech last month, President Miguel Diáz-Canel said “the enemy” would cast the measure as “economic apartheid”. But dollar stores were necessary, he said, to generate the foreign exchange needed to keep the regular shops Cubans use better supplied.

Cuba’s domestic response to Covid-19 has largely been successful, but the fallout has brought longstanding problems with the island’s listless, centrally planned economy to the fore.

Agriculture, a perennial achilles heel, has been clobbered: state media recently announced that the country is on track to produce just 160,000 tonnes of rice this year – less than a quarter of what it consumes. Figures like these leave Cuba even more dependent on food imports at a time where there is less cash to make purchases.

This dearth of supply brings stark consequences. While there are no queues at bodegas (which guarantee bare-essential food and hygiene products at heavily subsidised prices), queues outside local-currency supermarkets are mammoth.

In Regla, one of Havana’s better-supplied municipalities, the state has intensified rationing: people must now take their ID cards to make purchases, and can only buy chicken once a fortnight. Crowds gather before dawn, and by 9am, hundreds are waiting outside the main supermarket. People are sweaty and perturbed. The occasional scrap breaks out.  In the east of the island, citizens have set up action groups to stop people cutting in line.

Dayana Blázquez, a 35-year-old social worker who was queueing outside a dollar store to buy meat, said that although the effects of US sanctions on the island are “palpable”, decades of economic mismanagement mean the state shares the blame. “Right now things are worse than normal, but we’ve had shortages for years,” she said. “Old and new generations have lived this.”

For Blázquez, the inequity of selling some products in dollars runs deep. “It’s not fair for those who work their whole lives and have to depend on others to get by when they retire. It’s not fair for graduates and professionals. It’s not fair for anyone.”

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CUBA OPENS FOREIGN CURRENCY-ONLY SHOPS, ENDS TAX ON DOLLAR

Andrea Rodriguez | AP

Washington Post, July 20, 2020 at 7:04 p.m. EDT

HAVANA — Cuba opened shops Monday that accept only foreign currencies and eliminated a special tax on the U.S. dollar, deepening a process of collecting stronger currencies to face the country’s economic crisis. By morning, long queues had formed in a half-dozen such shops in Havana dedicated to the sale of food and toiletries. Under the new system, people buy merchandise using national or foreign cards backed by hard currencies, especially dollars, including Visa or Mastercards. Cash is not accepted.

The shelves of a large foreign-currency warehouse store visited by Associated Press journalists contained products currently missing from peso-sale stores, including detergent, minced chicken, beef and canned goods.  “It looks to me like at this critical time, when the country is going without food, there is everything” in the market, said Lenon Fernández, a 32-year-old entrepreneur who went shopping at a supermarket known as 70.

The shortages have worsened since the middle of last year when the Trump administration tightened sanctions to pressure for a change in the island’s political model. Now, on top of sanctions, a cut in remittances from abroad and internal inefficiencies, Cuba is losing tourist revenues because of the coronavirus pandemic and its GDP growth is close to 0%. The result has been long lines and exasperation due to the lack of food.

The new stores in the capital and other Cuban cities add to a dollarization process of retail trade that began in late 2019, when shops were opened under the modality of foreign currency sales for household appliances. The effect was an increase in the value of the dollar on the black market.

Before then, any transactions in currencies other than those issued by Cuba was prohibited since 2004, when the dollar was withdrawn.

This new form of sale in foreign currencies for food and cleaning goods was announced last week by President Miguel Díaz-Canel as a way of obtaining income and providing goods to the population.  The measure reflects the reality on the communist-run island of social sectors with money and dollars to spend – such as entrepreneurs, relatives who receive remittances, employees of foreign companies, etc. – and those who do not.

The government said it will keep stores in convertible pesos or CUC – almost equal to the dollar – and in Cuban pesos (24 for a CUC), which are the other two currencies circulating on the island.  It will also continue to support monthly quotas of basic foods such as rice, beans, some chicken or meat, milk, coffee and sugar.

“In the midst of an economic crisis of very uncertain scope and duration, the Diaz-Canel administration is using the political credit of its successful management of the pandemic to implement economic reforms postponed for more than a decade,” said Cuban economist Arturo López-Levy, professor at Holy Names University in California.

Cuba has managed to control the spread of the new coronavirus. In four months, authorities say it infected 2,446 people. But they reported no new confirmed cases on Monday.

In general, Cuban authorities have resisted changes – despite a timid process initiated by former President Raúl Castro in 2010 – claiming they want to limit the negative effects of inequality and not hurt vulnerable sectors.

The elimination of a 10% tax on the use of the U.S. dollar, in force since 2004, went into effect Monday. When anyone exchanged 10 dollars for CUC in the local market, they only received nine CUC.

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EL REGRESO DEL DÓLAR A CUBA DEBILITA EL CUC

En el mercado negro, donde se realizan las transacciones entre particulares, el dólar cotiza ahora en 1,13 CUC en lugar de 0,95

14YMEDIO / MARIO J. PENTÓN, La Habana/ Miami | Octubre 23, 2019

El simple anuncio por parte del Gobierno cubano de que el dólar y otras divisas tendrán curso legal en la Isla dentro de unos días ha provocado un desplome del valor del peso convertible (CUC).

En el mercado negro, donde se realizan las transacciones entre particulares, el valor del dólar se cotiza ahora en 1,13 CUC en lugar de 0,95, según la plataforma online Revolico y varias fuentes consultadas en La Habana. Últimamente, a raíz de una mayor demanda provocada por los aumentos salariales, los cambistas pedían entre 1 y 1,05 CUC por dólar.

En las casas de cambio oficiales, las Cadeca, la cotización no se ha movido de 0,87 dólar por 1 CUC porque se trata de un mercado controlado por el Estado, a diferencia del mercado paralelo. donde rige la ley de la oferta y de la demanda. El Estado castiga la divisa estadounidense con un impuesto del 10% y una comisión del 3%, Además, las Cadeca no venden dólares, solo los compran.

“La gente está buscando la seguridad del dólar porque no ve claros los pasos del Gobierno con la economía”, dice vía telefónica Mongui, un cambista que trabaja en las cercanías del hotel San Carlos, en Cienfuegos.

Mongui pide 1,13 CUC por dólar, pero cuando el cliente compra más de 1.000 dólares le hace una rebaja y se lo vende por 1,08. “Ya tengo mi clientela fija, gente que va de mula a Panamá, Cancún y otros lugares. Ahora hay mucho nerviosismo porque el Gobierno le quiere quitar el negocio a las mulas“, agrega.

María Luisa, de 69 años, recibe unos 100 dólares mensuales que le envía su hijo desde Florida y cree que el incremento del valor de esa moneda debió haberse producido hace mucho.

“¿En qué cabeza cabe que el CUC valga más que el dólar, la divisa más fuerte del mundo? Fidel quitó los dólares de la circulación y a cambio nos entregó papelitos. Ahora quieren quitarnos nuevamente los dólares y darnos un número en una tarjeta magnética. Ellos siempre se quedan con lo mejor”, protesta.

María Luisa ha pedido a su hijo que le envíe las remesas en dólares y que para ello deje de utilizar Western Union, que convierte automáticamente las remesas en CUC a un tasa de 0,95 por cada dólar. “Prefiero que me mande el dinero con gente que viene de Miami. Así me rinde más. Lo cambio por fuera de Cadeca. Para ellos puede que sea un peso, pero aquí son 25”, dice la jubilada, que cobra 310 pesos de pensión.

Los dólares no servirán para pagar en efectivo, sino con tarjetas de débito en las 77 tiendas estatales donde se comercializarán productos importados, sobre todo electrodomésticos, motos eléctricas o repuestos para automóviles.

El anuncio no ha sido bien recibido por los clientes que tenían una tarjeta asociada a cuentas en pesos convertibles o pesos cubanos. “Ahora tengo que sacarme otra tarjeta porque la que tengo es de mi cuenta en chavitos (CUC) no me sirve”, lamentaba este lunes Rogelio, un jubilado que recibe remesas de sus dos hijos emigrados.

Los bancos amanecieron este lunes con largas colas en La Habana de clientes interesados en contratar la nueva tarjeta magnética con saldo en divisas. Ahí estaba Rogelio, delante de la sucursal del Banco Metropolitano, en los bajos del Ministerio de Transporte, para comenzar el proceso de apertura de la cuenta y la solicitud de la tarjeta. “Lo bueno es que no se necesita saldo alguno para abrir la cuenta pero lo malo es que esto de pagar con tarjeta es muy complicado en las tiendas”, explica a 14ymedio.

Los constantes cuelgues del sistema de comunicación entre los mercados estatales y los bancos convierten la experiencia de pagar con tarjeta en un dolor de cabeza. Los terminales de pago, conocidos como POS, se quedan con frecuencia sin servicio y sin conexión y los empleados no pueden procesar el pago por esa vía.

“Cuando uno va a una tienda y va a pagar con tarjeta toda la cola te mira con mala cara, porque saben que te vas a demorar bastante, entre una prueba y otra para lograr comunicarse con el banco”, explica Yusimí, una habanera que este lunes también fue de las primeras en solicitar la nueva tarjeta bancaria.

“Hace unos pocos años se estaba hablando con mucha fuerza de que estaba al doblar de la esquina la unificación monetaria, pero ahora resulta que se agrega otra moneda. Esto no hay quien lo entienda”, se queja Nelson, contable en una empresa estatal donde ha tenido que lidiar con las distorsiones que provoca la dualidad financiera.

El economista Pavel Vidal, que fue funcionario del Banco Central de Cuba durante varios años, considera que el regreso del dólar a la economía nacional dará “algún alivio rápido a los crecientes desbalances financieros que se vienen acumulando desde 2015”.

En una columna publicada en OnCuba, Vidal considera que en el corto plazo se observarán “efectos positivos” por estas medidas, como una mayor liquidez en divisas en los bancos y “mayores opciones de compra en mercados formales”. Sin embargo, el ahora profesor de la Universidad Javeriana de Cali (Colombia) considera que el regreso del dólar implica la pérdida de la autonomía monetaria y retrasa la salida de la dualidad monetaria peso/CUC.

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RE-DOLLARIZATION OF THE CUBAN ECONOMY !! ??

“Autorizar operaciones con divisas en algunos mercados de consumo y en algunas industrias es abrir la caja de Pandora a una redolarización acelerada del resto de la economía”, sostiene el economista Pavel Vidal

Agencias, Madrid | 24/10/2019 9:20 am

Los cubanos pueden desde esta semana abrir cuentas en dólares en bancos locales para adquirir electrodomésticos, motos eléctricas, e incluso encargar equipos específicos, con cargo a su tarjeta de débito, informa la AFP.

El gobierno los comercializará y busca así recaudar divisas, tratando de sortear el embargo que le aplica Estados Unidos desde 1962. A continuación, algunas claves para entender las medidas:

¿En qué consisten?

Se habilitará a finales de mes una red de tiendas estatales para la venta en dólares y otras divisas extranjeras de productos de fuerte demanda de importación, como equipos eléctricos, electrodomésticos de alta gama, autopartes y ciclomotores.

El pago se realizará con tarjetas de débito que podrán recibir transferencias desde el exterior o de otras cuentas (en dólares y en otras divisas), libre de impuestos.

También podrán importar algunos bienes específicos a través de empresas estatales (bajo la misma modalidad de la cuenta bancaria), sin depender de la caja central estatal.

¿Qué se busca?

El gobierno busca captar divisas, en momentos en que el gobierno de Donald Trump arrecia el embargo, con medidas que afectan al turismo, las inversiones, el envío de remesas y la importación de combustible.

“El país necesita divisas para financiar” su “desarrollo económico y social” explicó el ministro de Economía, Alejandro Gil.

Cuba, gobernada por el Partido Comunista (PCC, único), busca evitar la fuga de cientos de millones de dólares, debido a las crecientes importaciones particulares.

Según la consultora privada Auge, solo en la Zona Libre de Colón (Panamá) los cubanos gastaron este año un promedio de “20 millones de dólares mensualmente”.

Con el dinero recaudado, el gobierno podría hacer frente a la falta de liquidez de su sistema económico, pagar a tiempo a sus proveedores y adquirir insumos que necesita el país.

¿Cómo se beneficia el gobierno y el ciudadano?

“Es previsible que en el corto plazo se observen efectos positivos”, pronostica el economista cubano Pavel Vidal, de la Universidad Javeriana de Cali.

Los bancos estatales podrán fortalecer su liquidez en dólares y otras monedas extranjeras, y el gobierno garantizar una oferta de productos deficitarios en la red minorista, sin tener que emplear las divisas que destina a gastos prioritarios.

Por su parte, los cubanos tendrán acceso a productos que hasta ahora sólo podían adquirir en mercados informales y a precios competitivos, mientras que el sector privado local (13 % de la economía), gastará menos en viajes para abastecerse de insumos.

¿Se dolarizará la economía?

Gil niega que la venta interna en divisas conduzca a la dolarización de Cuba, que ya apeló a la moneda estadounidense entre 1993 y 2004 para sortear la grave crisis económica de los años 90.

Según el ministro, las dos monedas nacionales: el peso cubano (CUP) y el peso convertible (CUC, equivalente a 24 pesos cubanos) siguen circulando, y el comercio en dólares se realizará solo por vía electrónica.

Pero los economistas destacan que el proceso de dolarización no depende del soporte empleado, sino de que el dólar suplante en algunas funciones a las monedas domésticas.

“Autorizar operaciones con divisas en algunos mercados de consumo y en algunas industrias es abrir la caja de Pandora a una redolarización acelerada del resto de la economía”, sostiene Vidal.

¿Y la unificación monetaria?

Gil subrayó que las medidas no detendrán el proceso de unificación de las dos monedas nacionales, previsto desde 2013, sino que pondrán al país en “mejores condiciones” para alcanzar esa meta, con una industria y un comercio minorista fortalecidos.

La doble moneda está acompañada de tasas preferenciales de cambio para el sector estatal, lo que distorsiona la economía.

Vidal advierte que, lejos de solucionar “el (actual) complejo y distorsionante sistema de múltiples tipos de cambio y dualidad monetaria”, las nuevas medidas ahora “llevan a la economía a operar no con dos, sino con tres monedas”.

“La redolarización anunciada cancela la unificación de las monedas”, considera.

 

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IS CUBA’S ECONOMY READY FOR THE 2018 LEADERSHIP TRANSITION?

Pavel Vidal Professor, Pontificia Universidad Javeriana Cali

CUBA STUDY GROUP, February 2018

Complete Article, English:  Pavel_Is Cuba’s Economy Ready English

Complete Article, Spanish:  Pavel En qué condicion llega la economia cubana a la transicion generacional

Introduction

Cuba has changed considerably in these last ten years of economic reforms, though not enough. Family income, tourist services, food production, restaurants, and transportation depend less on the state and much more on private initiative. The real estate market, sales of diverse consumer goods and services, and the supply of inputs for the private sector have all expanded, in formal and informal markets. Foreign investment stands out as a fundamental factor in Cuba’s development. The country has achieved important advances in the renegotiation of its external debts.

Nevertheless, many other announced changes were defeated by internal resistance, half-heartedly implemented, or put in place in ways that replicated mistakes of the past. The bureaucratic and inefficient state enterprise sector, tied down by low salaries and a strict central plan, impedes economic progress. Cuba’s advantages in education and human capital continue to be underexploited. Neither has the international environment provided much help. The U.S. trade embargo remains in place, the Trump administration has returned to the old and failed rhetoric of past U.S. policies, and Cuba continues to depend on a Venezuelan economy that does not yet seem to have hit rock bottom.

As a consequence, the growth of GDP and productivity has been disappointing, agricultural reform has produced few positive results, and Cuba is once again drowning in a financial crisis. The reforms implemented to date did not create sufficient quality jobs, and, all told, half a million formal positions were eliminated from the labor market.

The second half of 2017 proved especially challenging due to the impacts of Hurricane Irma and new restrictive measures announced by the U.S. government. To these difficulties one must add the decision of the Cuban government to freeze (temporarily) the issuance of licenses to the private sector.

Even so, the National Office of Statistics and Information (ONEI) reported that the economy has not fallen into recession. There are reasons to doubt these statistics, however. Such doubts only multiply when we take into consideration the decision to delay, or altogether avoid, the publication of reports on individual sectors of the economy and the state of the national accounts. For 2018, the government has proposed a rather optimistic economic growth plan (2% increase in GDP) that once again does not appear to appropriately evaluate the complexity of Cuba’s macro-financial environment.

Three highly significant events are anticipated this year: the generational transition within the government, new norms for the private sector, and the beginning of the currency reform process. These three issues have raised expectations on the island, but each may be tackled in a disappointing fashion.

…………………………………..

Conclusions:

Two Other Changes that Could Disappoint A generational transition in the Cuban government will take place on April 19, 2018. Beyond indications that Miguel Díaz-Canel will be the future president, there are no signals as to who will be vice president or who will direct principal ministries such as the Ministry of the Economy or the Ministry of Foreign Relations. Nor do we know where politicians of the “historic generation” will end up.

The new government will want to demonstrate continuity with the former in order to assure its position with various spheres of political power. It appears that the new government will not have its own economic agenda. We can expect that documents approved by recent Congresses of the Cuban Communist Party—which define the limits of reform, the desired development strategy, and the social and economic model to which Cuba aspires—will continue to serve as economic policy guides.

Whatever the composition of the incoming government, in the short term, Cuba’s new leaders will need to convince other state actors that they have the authority and will to, first, achieve the objectives laid out in the “Guidelines for Economic and Social Policy” (Lineamientos), and then deepen the process of reform, overcoming internal forces resistant to change. The new government will thus have to carefully assess the political costs and benefits of implementing reforms to different degrees and at varying speeds, but it will start with low initial political capital due to less popular recognition and a lack of historic legitimacy. Cuba’s new leaders, moreover, must confront these challenges at a time of renewed conflict with the U.S. government. The task is by no means easy, and we will have to wait to see how they handle it.

Another change we can expect this year is the publication of new rules governing the operations of the private sector, and thus unfreezing the issuance of licenses. A greater degree of control over tax payments, as well as efforts to more strongly “bank” the sector, appear to be two basic objectives of the forthcoming rules.

It is very important that the private sector contribute to the Treasury in proportion to its earnings. This is impossible to guarantee if private sector operations are not registered in banks. An effective and progressive tax system provides net dividends to all. The state budget would benefit, exorbitant gaps in income distribution could be avoided, and the societal image of the private sector would be improved. It will be much easier to defeat political and ideological resistance to expansion of the private sector when its income also serves to finance expenses in education and healthcare, and when individual contributions are in line with variable levels of income.

We still do not know if the new rules for the private sector will focus only on fiscal and banking control, or if new policies will address some of the many complaints that the private sector itself has made—high tax rates, the struggle to obtain inputs, and the difficulty of linking operations to foreign trade, for example. A draft of the rules that has circulated does not contain answers to these problems, but rather suggests a focus primarily on more control and penalization.6 If the rules that are ultimately implemented do not differ much from what appears in this draft, depleted prospects for the private sector will be the first disappointment Cubans face in 2018.

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