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EL IMPACTO EN LA ECONOMÍA CUBANA DE LA CRISIS VENEZOLANA Y DE LAS POLÍTICAS DE DONALD TRUMP

Carmelo Mesa-Lago,  Catedrático de servicio distinguido emérito en Economía y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Pittsburgh

Pavel Vidal Alejandro, Profesor asociado del Departamento de Economía de la Universidad Javeriana Cali, Colombia

30 de mayo de 2019

Articulo originalLA CRISIS VENEZOLANA Y DE LAS POLÍTICAS DE DONALD TRUMP

 

 

 

Índice

Resumen, Abstract……………………………………………………………………………………….. 2

Introducción ………………………………………………………………………………………………… 3

(1) Antecedentes de la relación económica entre ambos países …………………………. 4

(2) Análisis de la severidad de la crisis económica-social venezolana ……………….. 5

 (3) Evolución del comercio exterior cubano con Venezuela……………………………….. 7

(4) Las medidas de Trump contra Venezuela y Cuba ……………………………………….. 14

(5) Los efectos del shock venezolano ……………………………………………………………….. 18

(6) ¿Viene otro Período Especial? …………………………………………………………………….. 22

 (7) Posibilidad de que otros países (Rusia o China) sustituyan a Venezuela ……….. 23

(8) ¿Hay alternativas viables para Cuba? ………………………………………………………… 24

(9) Conclusiones……………………………………………………………………………………………… 30

 

Resumen

Históricamente, Cuba ha padecido la dependencia económica de otros países, un hecho que continúa después de 60 años de la revolución. La dependencia con la Unión Soviética en 1960-1990 dio lugar al mejor período económico-social en la segunda mitad de los años 80, pero la desaparición del campo socialista fue seguida en los años 90 por la peor crisis desde la Gran Depresión. Este documento de trabajo analiza de manera profunda la dependencia económica cubana de Venezuela en el período 2000- 2019: (1) antecedentes de la relación económica entre ambos países; (2) análisis de la severidad de la crisis venezolana; (3) evolución del comercio exterior cubano con Venezuela; (4) medidas de Donald Trump contra Venezuela y Cuba; (5) efectos del shock venezolano en Cuba; (6) ¿viene otro Período Especial en Cuba?; (7) posibilidad de que otros países (Rusia o China) substituyan a Venezuela; y (8) alternativas viables a la situación. El impacto en la economía cubana de la crisis venezolana y de las políticas de Donald Trump

Abstract

Cuba has historically endured an economic dependence on other nations that continues after 60 years of revolution. Dependence on the Soviet Union in 1960-90 led to its best economic and social situation in the second half of the 1980s, but the disappearance of the socialist world was followed in the 1990s by its worst economic crisis since the Great Depression. This Working Paper analyses Cuba’s economic dependence on Venezuela in 2000-19, as follows: (1) antecedents of the economic relationship between the two countries; (2) evaluation of the severity of Venezuela’s economic-social crisis; (3) evolution of Cuba’s trade relationship with Venezuela; (4) Trump’s measures against Venezuela and Cuba; (5) effects of the Venezuelan shock on Cuba; (6) is another Special Period in the offing?; (7) possibility of another country (Russia or China) replacing Venezuela; and (8) viable alternatives to Cuba.

 

 

 

 

…………………………………………..

Conclusiones

Este estudio ha aportado evidencia abundante y sólida (respecto a Venezuela) que ratifica la histórica dependencia económica cubana de otra nación y la necesidad de subsidios y ayuda sustanciales para poder subsistir económicamente.

A pesar del gran peso de la beneficiosa relación económica externa, Cuba no ha logrado financiar sus importaciones con sus propias exportaciones. La ayuda externa resulta, al menos por un tiempo, en un crecimiento económico adecuado (en 1985-1989 con la URSS y en 2005-2007 con Venezuela), pero cuando desaparece o entra en crisis el país subsidiador, ocurre una grave crisis en Cuba. La dependencia sobre Venezuela ha sido menor que la relativa con la Unión Soviética y hay además otros factores que podrían atenuar la crisis resultante de la debacle en el primer país; aun así, Cuba ya ha sufrido

El impacto en la economía cubana de la crisis venezolana y de las políticas de Donald Trump Documento de trabajo 9/2019 – 30 de mayo de 2019 – Real Instituto Elcano 31 desde 2012 una pérdida equivalente al 8% de su PIB y una caída del régimen de Maduro agregaría otro 8%. Las medidas de Trump contra Venezuela no han conseguido hasta ahora derrocar el régimen de Maduro y este ha logrado circunscribir algunas de ellas, pero han agravado la crisis en la República Bolivariana creado una situación peliaguda que se agravará en el medio y largo plazo.

Por otra parte, las políticas trumpistas contra Cuba probablemente tendrán un impacto adverso sobre las remesas externas y el turismo (respectivamente la segunda y tercera fuentes de divisas cubanas), mientras que la aplicación del título III de la ley Helms-Burton generaría costes considerables por las demandas interpuestas y un efecto de congelamiento en la inversión futura.

La reacción de la dirigencia cubana frente a la crisis que se agrava ha sido el continuismo, de lo que no ha funcionado por seis décadas; muy poco se dice oficialmente (aunque se destaca por los académicos economistas del patio) sobre la urgente y necesaria profundización de las reformas económicas fallidas de Raúl Castro, a fin de adoptar algunas de las políticas del socialismo de mercado practicado con éxito en China y Vietnam. Para que Cuba pueda encarar la dura crisis que se avecina a corto plazo y conseguir escapar de la dependencia económica externa a largo plazo, esa es la alternativa más viable.

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LA ECONOMÍA CUBANA Y EL SÍNDROME DE CONCHA

Por Juan Triana Cordoví

OnCuba News

Fuente: http://oncubanews.com/opinion/columnas/contrapesos/la-economia-cubana-y-el-sindrome-de-concha/

Plaf… o demasiado miedo a la vida es una película cubana de 1988 y podría decirse que es un metáfora anticipada y muy aproximada de nuestra realidad actual.

Concha es uno de los personajes principales de esa película cubana. Mujer divorciada y con un hijo mayor, por demás pelotero. Ella se debate entre la decisión de realizar un cambio drástico (comenzar una nueva vida mudándose con un chofer de taxi, hombre que la ama y al que ella ama) o seguir igual: encerrada en sí misma y en su pasado, soportando una situación interna difícil de sostener y enfrentada a agresiones externas (ataque con huevos) que la acosan sistemáticamente y sobre los cuales no tiene la posibilidad de influir.

Al final Concha muere de un infarto que le produce el sonido de una pelota de goma rebotando en una pared de su casa y que ella confunde con el sonido de otro huevo reventando en algún lugar de su hogar. La verdadera razón de su muerte, sin embargo, fue la indecisión y el miedo al cambio.

Cuba se debate en un problema parecido al de Concha. Es atacada por un enemigo externo que parece insaciable (Trump y los cubano-americanos de Marco Rubio y compañía, que ahora pretenden chantajear al mundo amenazando con poner a funcionar el título 3 de la Ley Helms- Burton); enfrenta una situación económica difícil y está abocada a cambios significativos tal cual anuncia el proyecto de nueva Constitución de la República. A la vez, padece de la permanencia de una testaruda resistencia a los cambios necesarios que de alguna manera ha conducido a idas y venidas en ese proceso de transformación tan necesario que exige nuestra realidad económica, política y social.

“El flamante restaurante Moscú. la calle P entre 23 y 21, ”

Esa resistencia ha generado costos muy grandes. Describo alguno de estos:

  • La tasa de crecimiento sigue siendo muy baja y está muy lejos de la tasa de crecimiento que necesitamos.
  • Las exportaciones de bienes siguen teniendo un comportamiento insuficiente y continúan concentradas en unos pocos bienes.
  • La dependencia de las importaciones se mantiene y no parece que tenga solución de corto plazo.
  • La presión fiscal no permite amplios márgenes de maniobra.
  • El empleo no crece y se ha precarizado.
  • El salario, a pesar del crecimiento del salario medio mensual, sigue siendo insuficiente.
  • El éxodo de personal calificado, especialmente jóvenes y mujeres que desangra a nuestra economía, se mantiene.
  • La tasa de inversión permanece muy baja respecto a las necesidades de crecimiento, prácticamente está a la mitad de esas necesidades y la ejecución de las inversiones sigue siendo insuficiente.
  • La deuda de corto plazo a proveedores y los dividendos no pagados a inversionistas extranjeros son una carga financiera importante, se convierten en incentivos negativos al crecimiento y generan incertidumbre a futuros inversionistas interesados en el país.
  • La empresa estatal socialista, responsable de al menos el 80% del PIB y mayoritaria como fuente de empleo, pilar de las transformaciones emprendidas hace unos años atrás, no alcanza a responder adecuadamente a nuestras necesidades de desarrollo y se ha anunciado será necesario repensar las OSDEs.
  • La inversión extranjera, declarada estratégica para el desarrollo del país no logra despegar y aun cuando ha mejorado su captación respecto a años atrás sigue siendo insuficiente y está lejos de nuestras necesidades reales.
  • Se mantienen brechas importantes –vertical y horizontal– en la infraestructura básica.
  • Existen brechas tecnológicas significativas en buena parte de nuestro sistema productivo.
  • El sector no estatal, cooperativas y propietarios privados en general, arrendadores de tierra y empleados en ese sector, aun espera por un marco legal más proactivo que le permita crecer cualitativamente.
  • Sectores decisivos, como la agricultura y la industria no terminan de encontrar una senda dinámica de crecimiento sostenido.

Esos son en buena parte los costos de esa resistencia. Todos ellos, o la inmensa mayoría, fueron objeto de análisis en la última sesión de la Asamblea Nacional.

Para Continuar: Triana, LA ECONOMÍA CUBANA Y EL SÍNDROME DE CONCHA 2019

Dr. Juan Triana

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‘REALITY’ BITES: CUBA PLANS MORE AUSTERITY AS FINANCES WORSEN

Marc Frank

HAVANA (Reuters) DECEMBER 28, 2018 / 3:14 PM

Cash-strapped Cuba plans fresh austerity measures and will pressure the sluggish bureaucracy to tighten its belt and cut red tape to address weak growth, falling export earnings and rising debt.

The economy has averaged 1 percent annual growth over the last three years, compared with a 5 percent to 7 percent rate economists say is needed to recover fully from a 1990s depression caused by the fall of its former benefactor, the Soviet Union.

The communist-run country has more recently been hit by the economic collapse of its new sponsor and strategic ally, Venezuela, which began to send fuel and cash its way in exchange for doctors and medicine 18 years ago.

Other external shocks, such as Hurricane Irma in late 2017 and the Trump administration’s tightening of U.S. sanctions, have also weighed on the Caribbean island nation’s economy.

“The 2019 plan is one of adjustment to current realities. We cannot spend more than we earn,” Economy Minister Alejandro Gil Fernandez said at a session of the National Assembly last week. State-run companies account for and control most economic activity, including finances and foreign trade, through a planned economy.

Cuba last reported its foreign debt at $15.8 billion in 2015. It began delaying payments to some suppliers and investors in 2016, with western diplomats and businessmen estimating the short-term debt accumulated since then at more than $1.5 billion.

President Miguel Diaz-Canel told the Assembly that next year the country would slightly reduce the backlog of overdue payments through austerity measures and by drawing on a glut of inventory and emergency reserves.

Diaz-Canel and Gil said plans for the economy to grow 1.5 percent, after an anemic 1.2 percent this year, were based in part on doing away with bureaucratic habits and cutting waste and theft.  “The plan must be executed immediately. We have to review the system to insure there is no room for bureaucrats to maneuver,” Diaz-Canel said, threatening to replace them if they stuck to their old ways.

Venezuelan oil deliveries have fallen at least 40 percent since 2014, forcing Cuba to import from Russia and Algeria. Cuba imports more than half the fuel it consumes.  Gil said fuel consumption would be cut from 91 metric tons per million pesos in gross domestic product this year to 84 tons in 2019.

Foreign trade fell around 25 percent from 2013 through 2017, with annual imports dropping to $11.3 billion from $15.6 billion, according to the government. Gil said trade declined further in 2018, without providing figures. The minister said exports would increase 6 percent next year while imports would be slashed 11 percent compared with the

Western diplomats who met with top officials recently said the Cubans said little about how they planned to surmount the crisis and gave no indication they would allow more private initiative and capital accumulation by citizens.

“Obtaining inputs and credit on the international market will be more difficult in 2019,” Vidal said.

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LA ECONOMÍA CUBANA EN 2018: OTRO AÑO SIN COLAPSO Y SIN PROGRESO

Por Pavel Vidal Alejandro, Diciembre de 2018.

Este año el crecimiento económico nuevamente quedará por debajo del plan oficial. Desde el tercer trimestre el gobierno cubano ajustó la meta de 2 por ciento a 1 por ciento, después de obtenerse un crecimiento de 1,1 por ciento en el primer semestre. Se sabía que este iba a ser un año complicado para sectores claves como el turismo y la industria azucarera, y para el sector exportador en general. Se sabía que este año el entorno económico iba a ser desfavorable y que iba a ser difícil encontrar impulsos al crecimiento debido a las secuelas que dejó el huracán Irma en la agricultura, a los problemas por los que sigue atravesando Venezuela (a pesar del aumento en el precio del petróleo), y debido al efecto de las medidas de la Administración Trump sobre el arribo de visitantes. A ello se le une una situación financiera nacional que todavía no se recompone y que obliga a mantener contraídas las importaciones.

Los últimos datos de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) confirman la complicada situación por la que atraviesa el comercio exterior cubano, evidenciando que los shocks internacionales (la crisis venezolana y las nuevas restricciones en la política de Estados Unidos) y los atrasos en las deudas comerciales, tienen una alta responsabilidad en lo que sucede con el PIB. Las exportaciones de bienes y servicios presentaron un crecimiento nulo en 2017 (medidas a precios contantes), lo que lleva a acumular cuatro años sin aumento real de los ingresos externos. Ello exige ajustar las importaciones y limita la disponibilidad de insumos para el sector productivo. Las importaciones reales cayeron un 1,6 por ciento en 2017, en 2016 también habían caído (-10,6 por ciento) y en 2014 (-1,5 por ciento).

Probablemente a finales de diciembre se anuncie un dato oficial de crecimiento del PIB algo mayor que cero, que otra vez contrastará con una realidad que se sigue pareciendo más a una recesión. Los enormes problemas para cumplir los compromisos financieros con proveedores e inversionistas, la escasez de productos básicos, y la dinámica de los precios de los bienes de consumo, cada vez coinciden menos con las estadísticas oficiales del PIB y del Índice de Precios al Consumidor.

El crecimiento económico cubano se mantiene en una media de 1,7 por ciento en los últimos cinco años, según unos registros oficiales (que probablemente esconden una ligera recesión). Pero, así y todo, es meritorio ver cómo las autoridades cubanas han logrado mantener a flote una parte de la actividad productiva mientras el principal socio comercial (Venezuela) ya ha perdido la mitad de su PIB. Con la dependencia que aún mantiene Cuba de Venezuela para la exportación de servicios profesionales (médicos, principalmente) y para la importación de petróleo, sigue pareciendo increíble el resultado.

Ciertamente, esta es una capacidad que han desarrollado las autoridades económicas después de tres décadas de funcionamiento bajo restricciones financieras casi constantes. Las estructuras económicas monopólicas y controladas centralmente, las cadenas de suministros administradas por el Estado, los mercados racionados, y las regulaciones financieras y cambiarias se activan al máximo bajo el mando político en épocas de crisis, y se ponen en función de distribuir y en tratar de repartir prioritariamente los escasos ingresos.

Se debe reconocer que es un sistema que ha mostrado ser efectivo para manejar las crisis y evitar el colapso económico, como también ha sido “efectivo” en limitar la iniciativa privada, la innovación y el despegue de la productividad. Es un sistema que tiene el récord de mantener al país con las menores tasas de inversión de América Latina. Y así lleva casi 30 años ya el aparato productivo cubano: no colapsa del todo, pero tampoco hay progreso económico.

Dos amortiguadores del shock venezolano

 En estos últimos años la economía cubana ha logrado, además, encontrar otras dos vías para amortiguar el shock venezolano. En primer lugar, el impulso que alcanzó desde 2015 el arribo de turistas. Un crecimiento promedio de 16 por ciento por tres años ayudó a obtener otras fuentes de ingresos externos (aunque no alcanzó para hacer crecer el total de las exportaciones), y dinamizó al sector privado y a la inversión extranjera directa.

Por eso ha sido tan preocupante que en 2018 el sector turístico se haya desacelerado. Las restricciones de viaje para los ciudadanos estadounidenses y la mala publicidad que generan los supuestos “ataques sónicos”, han tenido un efecto prolongado en el mercado turístico cubano. Desde 2015 hasta 2017, el arribo de visitantes desde Estados Unidos (incluyendo cubanoamericanos) había venido creciendo a una tasa promedio anual de 44 por ciento y había duplicado su participación en el total de visitantes a la Isla (en 2017 llegó a representar un 22 por ciento del total de la demanda). Sin embargo, en el primer semestre de 2018 los visitantes desde Estados Unidos acumulaban una caída del 24 por ciento en comparación con igual período de 2017.

Se puede estimar que, de no ser por la nueva política estadounidense, Cuba podía haber llegado a la cifra de los 5,7 millones de visitantes en 2018, bastante por arriba de los 4,9 a los que se debe llegar este año. Así, el empeoramiento de las relaciones con Estados Unidos, ha implicado recibir alrededor de 785,000 turistas menos en 2018, lo que tiene un costo para la economía cubana de alrededor de US$557 millones, por concepto de ingresos no recibidos (ver Cuba Standard Economic Trend Report, 2018 tercer trimestre). Este es un impacto incluso mayor que el estimado de US$300 millones que se dejarían de recibir por la cancelación del programa médico cubano en Brasil.

Afortunadamente, la tendencia de los últimos datos mensuales de arribo de visitantes internacionales evidencia una significativa recuperación en la demanda por el mercado turístico cubano. Gracias a esta tendencia positiva, ya en el tercer trimestre de 2018 la cantidad de visitantes fue un 5 por ciento mayor que los recibidos en igual período de 2017. Tal resiliencia de la demanda por el mercado cubano es un excelente dato para la economía de la Isla, dado que el turismo será clave para la dinámica de 2019.

En segundo lugar, ha funcionado también como amortiguador la política fiscal expansiva. En 2017 el gasto de gobierno fue el componente de la demanda agregada que más creció a precios constantes: un 2,2 por ciento. Desde 2015 viene aumentando el gasto del presupuesto del Estado y el déficit fiscal como proporción del PIB. Después de años de austeridad fiscal, el gobierno echó manos del gasto fiscal para amortiguar los efectos de la crisis venezolana.

Para reducir los efectos inflacionarios de esta política fiscal expansiva, el Ministerio de Finanzas y Precios ha venido estrenando en grande los bonos públicos. Es decir, ya no se imprime dinero nuevo para financiar el gasto fiscal que no tiene respaldo en ingresos, sino que lo financian los bancos comerciales estatales al comprar los bonos públicos.

Tal política fiscal anticíclica ha amortiguado la caída del PIB, pero lo preocupante es que ha generado un hueco fiscal por encima de 8,000 millones de pesos en 2017 (8,6 por ciento del PIB) y de cerca de 12,000 millones de pesos para 2018 (alrededor de un 12 por ciento del PIB). El déficit fiscal en pesos corrientes es el histórico más alto y, en relación al PIB, es una proporción que no se veía desde la crisis de inicios de los años 90. No cabe duda de que la expansión fiscal ayuda al crecimiento del PIB en el corto plazo, pero sobre una burbuja financiera que se está acumulando en la forma de bonos públicos en manos de los bancos comerciales estatales.

Los cambios irrelevantes en el margen

 Y no se puede obviar la pérdida de dinamismo en las reformas estructurales, lo cual mantiene estancado el potencial de crecimiento de la economía. Es decir, hay factores cíclicos y coyunturales, pero también siguen lastrando el potencial de crecimiento tanto la dualidad monetaria y las ineficiencias del sector empresarial estatal, como las restricciones sobre la agricultura y al sector privado, todo lo que impide acumular más capital físico y hacer un uso intensivo de la tecnología y el capital humano.

El presidente Díaz-Canel, por el momento, se mantiene en la senda de las transformaciones graduales que no tocan la columna vertebral del sistema centralizado y el monopolio de la empresa estatal. Ello coincide con las expectativas de un Presidente que no llega al poder presentando una agenda propia, sino que fue seleccionado por la generación de los “históricos” para darle continuidad al programa definido durante el período de Raúl Castro.

Una manera simple de ilustrar la manera en que se vienen aplicando las reformas es la siguiente. Si hay que cambiar diez cosas para que funcione eficientemente un sector productivo, un mercado o un mecanismo económico, el gobierno cubano va a cambiar solo dos, y estas dos nunca van a ser las más importantes. Con ello, mantienen la imagen de reforma, minimizan los conflictos y divisiones políticas al interior del gobierno y el Partido, pero gastan tiempo y energía en producir transformaciones que no tienen la posibilidad de ofrecer resultados significativos, dado que no se han cambiado las otras ocho cosas que impiden el funcionamiento eficien Lo acabamos de ver este año cuando se deciden realizar modificaciones a la Ley 118 de la Inversión Extranjera con vistas a acelerar la llegada de capital extranjero, y para ello se establece que, en las propuestas de inversión, hay dos documentos que ya no son necesarios presentar al Ministerio de Comercio Exterior (MINCEX), y que ya no hay necesidad de presentar un estudio completo de factibilidad de la inversión, sino un estudio más sencillo de pre-factibilidad.

Sin embargo, las modificaciones no tocan, por ejemplo, el sistema de contratación de la fuerza de trabajo a través de empresas empleadoras estatales que operan con objetivos rentistas y dañan la competitividad, ni van dirigidas a potenciar la inversión con capital de los cubanos residentes en el exterior.

También se evidencia en las recientes medidas para evitar la evasión fiscal del sector privado, en las cuales se considera la obligación de tener una cuenta bancaria por parte de los negocios de mayores ingresos, pero no se atacan las principales fuentes de informalidad y del uso del efectivo, tales como la ausencia de un mercado mayorista, la no autorización para importar insumos, el poco uso de medios de pagos electrónicos y que los negocios no cuentan con personalidad jurídica.

En la agricultura también vimos este año otro ejemplo de medidas en el margen que no van a producir resultados significativos. Se decide ampliar los tiempos del usufructo y las extensiones máximas de tierra asignadas a los privados, pero no se desmonta el sistema centralizado de Acopio estatal, y los campesinos siguen sin contar con un mercado donde obtener los bienes de capital, la tecnología y los insumos suficientes.

El año 2019 tendrá como elementos positivos la recuperación del turismo, la reanudación de entrega de licencias a los privados, el aumento de la inversión extranjera a partir de los proyectos ya aprobados, y las múltiples oportunidades que se abren para generar nuevos servicios a partir de la conexión 3G a los teléfonos celulares.

Una de las mayores ilógicas de la reforma cubana es que solo abrió el sector privado a actividades de bajo valor agregado, teniendo Cuba un capital humano de calidad. Tal vez la conexión 3G sea un punto de inflexión para que esto cambie, y el sector privado pueda aportar más al progreso económico desde el conocimiento y la innovación. Pero para ello se requiere que la política pública se salga del margen y cree un marco regulatorio adecuado, no para restringir, sino para promover la expansión de una de las áreas de la llamada economía naranja de mayor dinamismo a nivel internacional.

Dr.  Pavel Vidal

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CUBAN ECONOMY TODAY AND PERSPECTIVES FOR THE FUTURE, SUMMARY OF FINDINGS OF 28TH ANNUAL ASCE CONFERENCE

(An Excellent Summary Overview on the Cuban Economy from the Annual Meeting of the Association for the Study of the Cuban Economy, 2018.    A.R.)

By Joaquín P. Pujol

November 13, 2018

The 28th Meeting of the Association for the Study of the Cuban Economy  (ASCE) was held in Miami, Florida, July26-28, 2018. This conference differed slightly from prior meetings in that it had a higher participations from Cuban-based economists and students. In fact the two students that won the competition for the student essay awards live in Cuba.

The papers presented summed up the disastrous state of the Cuban economy and the very poor prospects for the immediate future, short of finding a new Sugar Daddy like the Soviet Union or Venezuela to subsidize Cuba.

The Complete Article: CUBAN ECONOMY TODAY AND PERSPECTIVES FOR THE FUTURE

TABLE OF CONTENTS

Measurement of the performance of the Cuban Economy

Impact of the 2010 policy reforms of Raul Castro’s 

Agricultural Policies

Petroleum

The issue of the Multiple Currency Regime

Public Sector Finances

Trade & Foreign Debt

The Impact of the Hurricane Irma

Political Oppression

Investment Requirements for Growth

Joaquín P. Pujol

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LAS TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS EN CUBA: VISIÓN EXTERNA

Cubadebate, 12 julio 2015 | 34

 Por: José Luis Rodríguez

Algo que sin dudas ha llamado la atención a lo largo de la historia de la Revolución es la proliferación de múltiples interpretaciones externas sobre lo que se hace en el país, especialmente en el orden de la política económica. Desafortunadamente, la cantidad no hace la calidad y muchos de los trabajos que se han publicado adolecen de un mínimo de rigor analítico en sus análisis, en especial, aquellos que parten de una visión anti socialista excluyente de otro modelo que no sea afín a la economía de mercado en las diferentes versiones de la misma.

En el presente artículo no se pretende realizar un balance exhaustivo de todos estos enfoques, ni siquiera de aquellos que se han producido a lo largo de los últimos cinco años y que se relacionan con la actualización del modelo económico en curso. No obstante, resulta útil destacar algunas tendencias presentes en el ámbito académico y que permiten identificar los principales enfoques acerca de las transformaciones económicas que se desarrollan en Cuba en la actualidad.

Para leer mas:  Las Transformaciones Económicas en Cuba: Visión Externa

 

José Luis Rodríguez es asesor del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM). Fue MInistro de Economía de Cuba.

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CUBA’S STALLED REVOLUTION

Cuba’s Stalled Revolution: Can New Leadership Unfreeze Cuban Politics After the Castros?

By Richard E. Feinberg and Ted Piccone

 Foreign Affairs, September 2018

Original Article: https://www.foreignaffairs.com/articles/central-america-caribbean/2018-09-20/cubas-stalled-revolution

For Cuba, 2018 marks the end of an era. For the first time in almost six decades, the country’s president is no longer a Castro—neither the late guerilla fighter, revolutionary caudillo, and international icon Fidel, nor his lower-profile brother Raúl, who succeeded Fidel as president in 2008. This April, the mantle was instead passed to former vice-president Miguel Díaz-Canel, a younger post-revolutionary politician who raised paradoxical hopes of both continuity and change.

Yet for those who imagined that the post-Castro era would quickly bring major reforms, Díaz-Canel’s tenure so far has been sorely disappointing. Five months in, progress in the country has come either slowly or not at all. The island’s economy continues to decline, just as it has since the collapse of the Soviet Union nearly 30 years ago, and this despite the carefully calibrated reforms Raul Castro instituted in 2011. Investment rates are alarmingly low, foreign exchange scarce, and shortages of consumer goods widespread. Many discontented Cubans, especially educated youth, continue to emigrate in search of higher living standards and better career choices, depleting the current and future workforce.

Miguel Díaz-Canel 

Reformers and hardliners continue to do battle within the Cuban Communist Party. A new draft constitution promises progress, notably on gender and gay rights, but it also reaffirms the hegemony of the Cuban Communist Party and institutionalizes outdated economic thinking. Recent government initiatives further restrict individual freedoms in business, the arts, and media. The Trump administration, meanwhile, has largely returned to the pre-Obama rhetoric of regime change and posture of hostility and isolation.

STAGNATION NATION

Díaz-Canel has inherited an economy in a state of transition. During his decade-long rule, Raúl Castro broke through once-forbidding ideological barriers on economic policy. He actively inserted Cuba into global commerce, opened the island to foreign investment, and promoted a burgeoning domestic private sector. Raúl also relaxed barriers to travel abroad, allowed private markets for real estate and automobiles, and gradually expanded access to mobile technology and social media. The private sector took off. By 2017, it provided jobs and income to as many as four out of ten Cubans of working age. Tourist traffic rose more than 80 percent during Raul’s tenure. Even though U.S. travelers became less common on the streets of Havana over the course of 2017, as the Obama bump gave way to a Trump dip, tourism is once again the brightest feature of the Cuban economy.

The government has not laid out a new economic policy agenda, much less a strategic vision for long-term development.

And yet, the Cuban economy has performed poorly overall. During the decade of Raúl Castro’s rule, Cuba’s GDP grew an average 2.4 percent per year—at least according to government statistics. At times, GDP growth stagnated at below two percent per year. Five percent would be the minimum necessary for Cuba’s growth to be considered sustainable.

The government has failed to create a truly receptive business climate, and outside the flourishing tourism sector, foreign investors remain skeptical. The precipitous drop in Cuba’s merchandise exports bodes particularly ill, signaling that the country’s state-owned enterprises are failing to compete in global markets. In 2016, these exports shrunk to less than $3 billion, their lowest level in more than ten years. In response, authorities slashed imports, from a peak of nearly $15 billion in 2013 to $10.4 billion in 2016. The loss of these imports has left Cuban stores empty of the most basic consumer items, from beer and paper products to spare parts for household appliances. All the while, restrictions on bringing capital goods into the country continue to exacerbate the already serious lack of factory machinery and farm equipment.

Change is unlikely to materialize soon. The Díaz-Canel administration, occupied with managing austerity policies, has not yet laid out a new economic policy agenda, much less a strategic vision for long-term development. In July, the government issued tough new regulations for the island’s emerging private enterprises. Aimed at preventing private companies and citizens from accumulating wealth—and nipping in the bud any potential challenge to the state’s monopoly on economic and political power—the new rules show that Cuban leaders are still extremely wary of, if not outright hostile to, private enterprise.

OLD RUM IN NEW BOTTLES?

Cuban politics are similarly resistant to change. Raúl Castro is still very present—as head of the Cuban Communist Party until 2021 and as leader of the government’s current efforts to revise the constitution. Every step of the relatively smooth succession process seemed designed to signal continuity with the measured pace of change that had marked Raúl Castro’s tenure, encapsulated by his maxim “sin prisa, pero sin pausa”—without haste, but without pause. It’s no wonder, then, that Díaz-Canel told the national assembly upon donning the presidential sash that “comrade Raúl will head the decisions for the present and future of the nation.”

Díaz-Canel has a lighter touch and is less camera-shy than his predecessor, but when it comes to policymaking, he has so far failed to deliver change. He retains a largely inherited team of senior bureaucrats, and his public remarks have been less about programmatic innovation than about maintaining party unity. Granted, this could be a temporary posture meant to reassure the old party apparatchiks while he builds a more autonomous governing class of technocrats. By this interpretation, the 58-year old is cautiously cultivating a power base of his own to set forward in the later portion of his five-year term, especially after Raúl steps down as party chief in 2021.

On the institutional side, recent changes are a mixed bag. The National Assembly chosen in March includes a mix of old and new faces. More than half of the deputies are new, 53 percent are women, and 41 percent are black or of mixed race. Likewise, the council of state, which is headed by Díaz-Canel and effectively governs the country year-round, has three new vice presidents between the ages of 48 and 52—young leadership for a country long ruled by former revolutionaries in their seventies and older. New rules mandate that deputies serve no more than two five-year terms and enter office at an age no older than 60. Taken together, the changes suggest that party leaders understand the importance of making the benefits of public office accessible to younger cadres and of diversifying the ranks of the governing elite.

A proposed constitutional reform, meanwhile, promises a modest but potentially meaningful political opening. The draft constitution divides power between a president serving as head of state and a prime minister who manages the government’s day-to-day functions. It devolves more autonomy over local affairs to provincial authorities, even though governors would still be appointed by the president. Other provisions suggest greater separation between state and party, even though the overlap in personnel would probably remain high. A new national electoral council would improve the image of the country’s elections, if not their actual integrity. Citizens who gather at least 10,000 signatures can propose legislation. Those who gather 50,000 or more will be able to initiate constitutional revisions.

Even if reformers manage to wedge open some cracks in the state’s monolithic apparatus, Cuba will remain a strictly one-party system.

The draft constitution explicitly grants important civil and due process rights, including habeas corpus, the presumption of innocence, the right to seek restitution for violations committed by state agents, non-discrimination regardless of sexual orientation, and religious liberty. But it makes such fundamental rights conditional upon “collective security, general well-being, respect for public order, the Constitution and laws.” The draft document is rife with such contradictory loopholes that ultimately confirm the state’s supreme power to override fundamental human rights.

Make no mistake: even if reformers manage to wedge open some cracks in the state’s monolithic apparatus, Cuba will remain a strictly one-party system. The draft constitution re-inscribes the Cuban Communist Party as the “superior leading force of [Cuban] society and the state.” Cuban socialism and its political and social system remain “irrevocable.” In the economy, the draft charter complements state planning and ownership with some space for domestic and foreign private capital, but these changes stop well short of formally embracing a more genuinely balanced, hybrid regime, such as the market socialist models of China or Vietnam.

At the moment, the Communist Party is holding forums to debate the draft constitution across the island. These forums are generating discussions among interested elites, but they are expected to yield only modest fixes to the issues outlined above. Once ratified by the legislature and by public referendum—likely easy hurdles—the new constitution will mainly cement the Castro legacy in constitutional, legal and de facto terms, while also bestowing some political legitimacy upon the post-revolutionary cohort Díaz-Canel now leads. For the many Cubans yearning for higher wages and more consumer goods, there is little relief in sight.

MISSED OPPORTUNITIES

Havana’s economic and political inertia has left Washington with little room to elicit more progressive reforms. Either the United States can accept Cuba’s reality and find ways of getting along in order to protect its national interests, or it can maintain and perhaps even step up its efforts to pursue regime change through punitive measures. The latter policy, in place for nearly six decades, has demonstrably failed, but it is unfortunately entrenched in U.S. law, thanks to Congress’ codification of the U.S. economic embargo against Cuba in 1996. U.S. President Donald Trump, who has rolled back many of the openings granted by President Obama, has important pro-embargo constituencies in Florida and is unlikely to shift direction any time soon.  In effect, the Miami hardliners have won back the initiative from the diverse anti-embargo constituencies of the Obama era. This is probably fine and well with hardliners in Cuba, as it gives them some breathing space to seek better relations with Europe, Russia and China without Washington in the picture.

The new administration will likely split the country along generational lines.

The United States and Cuba still cooperate in some areas, but such exchanges face significant challenges. U.S. tourism to the island, especially cruise ship travel, is showing signs of recovery, after a sharp decrease in 2017 and in the first half of 2018. Bilateral cooperation in the areas of law enforcement, migration, and environmental affairs continues quietly, but depleted staffing at both U.S. and Cuban embassies, in part due to a wave of mysterious health concerns reported by U.S. diplomats in Cuba last year, has hampered basic diplomatic and consular functions. U.S. congressional activity has stalled, with the exception of efforts to lift financial restrictions on agricultural trade. All told, neither the punishing embargo nor anemic U.S. diplomacy is likely to prod Havana towards more ambitious reforms.

Domestically, the Díaz-Canel administration will likely split the country along generational lines. For many older Cubans, the new government’s commitment to the principles that guided the Castro era is reassuring. Many middle-aged Cubans will welcome the renewed guarantees of state-sponsored economic security and welfare. Some may also perceive glimmers of a more normal, open and, accessible polity, and will take heart in Díaz-Canel’s support for gradual, carefully monitored openings to foreign investment, the internet, and controlled private enterprise. Cuba’s restless youth, on the other hand, are likely to see only more missed opportunities, whether in a constitutional reform that prioritizes continuity over change or in a president who so far has proven more cheerleader for the status quo than agent of reform. Tragically, Cubans of all stripes, including too many of the best and the brightest, will continue to seek opportunities elsewhere.

 

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IS CUBA’S VISION OF MARKET SOCIALISM SUSTAINABLE?

William M. LeoGrande

Tuesday, July 31, 2018

Just three months after Miguel Diaz-Canel took over the presidency of Cuba from Raul Castro, his government has unveiled a new Council of Ministers—essentially, Cuba’s Cabinet—along with the draft of a new constitution and sweeping new regulations on the island’s emergent private sector. While the changes announced represent continuity with the basic reform program Raul Castro laid out during his tenure, they are nevertheless significant milestones along the road to a more market-oriented socialist system.

The discussion and approval of the draft constitution was the main event of last week’s National Assembly meeting. The revised charter will now be circulated for public debate, revised, reconsidered by the National Assembly, and then submitted to voters in a referendum early next year. The avowed reason for revamping the constitution is to align it with the economic reforms spelled out in 2011 and 2016 that constitute the blueprint for Cuba’s transition to market socialism. Cuba’s 1976 constitution, adopted at the height of its adherence to a Soviet model of central planning, reflected “historical circumstances, and social and economic conditions, which have changed with the passing of time,” as Raul Castro explained two years ago. …

Continue Reading: Is Cubas Vision of Market Socialism Sustainable_

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CUBA’S NEW GENERATION TAKES THE HELM WITH AN IMMEDIATE TEST: THE ECONOMY

World Politics Review, Tuesday, April 24, 2018

William M. LeoGrande

For a man stepping down after half a century at the apex of Cuba’s government—first as the island’s longtime defense minister and vice president, then as president—Raul Castro was in good humor last week, looking relaxed and happy as he handed the presidency to his designated successor, Miguel Diaz-Canel. Departing from the prepared text of his valedictory speech in Havana, Castro cracked jokes, reminisced about the revolution and quipped that he planned to travel more, “since I’m supposed to have less work to do.”

There were no big surprises at the National Assembly meeting that installed Diaz-Canel as the first non-Castro to lead Cuba in six decades. Raul Castro did not decide at the last minute to stay in office, or sneak his son Alejandro into the presidency, as fevered commentary out of Miami kept predicting  Instead, the central theme of the conclave was continuity.

Continue reading: Leogrqande, April 2018, Cuba,s New Generation Takes the Helm With an Immediate Test: the Economy

Conclusion

But the significance of all the personnel changes and even the constitutional amendments pale in comparison to the urgent need to jump-start the economy, as the speeches by both Castro and Diaz-Canel implicitly acknowledge. Cuba’s younger generations are not just tired of octogenarian leadership; they are tired of economic hardship.

Miguel Diaz-Canel’s ascension to the presidency represents a major step in the generational transition of leadership in the Cuban state. But nothing will improve the prospects for a smooth transition more than a growing economy that finally raises the standard of living and gives young Cubans hope for the future.

Asume Miguel Díaz-Canel presidencia de Cuba

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CUBA’S LEADERS ARE TRAPPED BETWEEN THE NEED FOR CHANGE AND THE FEAR OF IT

A new study shows just how weak the Castros’ economy is

 The Economist. Print edition | The Americas; Dec 7th 2017

Original Article: The Need for Change and the Fear of It

Raúl Castro and Miguel Díaz-Canel

FOR decades Cuban exiles in Miami dreamed of the day that Fidel Castro would die. They imagined that Cubans would then rise up against the communist dictatorship that he imposed. Yet when, a year ago this week, Castro’s ashes were interred in his mausoleum, it was an anticlimax. His brother, Raúl, who is now 86, has been in charge since 2006. For a while, he seemed to offer the prospect of far-reaching economic reform. Now, as he prepares to step down as Cuba’s president in February, he is bequeathing merely stability and quiescence.

Raúl’s planned retirement is not total—he will stay on as first secretary of the ruling Communist Party for a further three years. He is due to leave the presidency as Cuba is grappling with two new problems. The first is the partial reversal by Donald Trump of Barack Obama’s historic diplomatic and commercial opening to the island, which will cut tourist revenues. The second is the aftermath of Hurricane Irma, which in September devastated much of the north coast and several tourist resorts. That has prompted speculation in Miami that Raúl may stay on.

That is to misread the man. In his decade in power Raúl has striven above all to institutionalise the Cuban communist regime, replacing the wayward charisma of Fidel with orderly administration and a collective leadership. He has groomed as his successor Miguel Díaz-Canel, a 57-year-old engineer who has already assumed many public duties. Yet, as president, Mr Díaz-Canel’s autonomy will be limited. He is just one of a group of party bureaucrats and generals who are the real power in Cuba, steadily replacing the generación histórica (those who fought in the 1959 revolution), who are dying off.

The new generation faces an acute dilemma. Despite aid from Venezuela, which has now fallen to half its peak level, Cuba remains unable to produce much of the food it consumes or pay its people more than miserable wages. That is why Raúl embraced market reforms, albeit far more timid ones than those in China or Vietnam. More than 500,000 Cubans now work in an incipient private sector of small and micro businesses or co-operatives.

But these reforms bring inequality and a loss of state control. When Mr Obama visited Cuba in 2016, offering support for entrepreneurs and calling on live television for free elections, the regime appeared to panic. Since then, the government has placed some curbs on small business to stop what Raúl called “illegalities and other transgressions”. In other words, the government wants a market economy without capitalists or businesses that thrive and grow. It seems nowhere near tackling the multiple exchange rates (ranging from one peso to the dollar for official imports to 25 for most wages and prices) that ludicrously distort the economy.

Stalling may leave intact the regime’s political control—its overriding priority. But this ignores a fundamental problem. Since the 1980s the Cuban economy has steadily lost ground in relation to those of other Latin American countries, as a study published last month by the Inter-American Development Bank shows. Its author, Pavel Vidal, was one of Raúl’s team of reformist economic advisers and is now at the Javeriana University in Cali, Colombia. He has devised hitherto unavailable internationally comparable estimates for Cuba’s GDP since 1970 by calculating an average exchange rate which takes into account the weight of the various rates in the economy.

Mr Vidal finds that GDP per person in Cuba in 2014 was just $3,016 at the average exchange rate, barely half the officially reported figure and only a third of the Latin American average. This includes the value of free social services (such as health, education and housing) that Cubans receive. Taking into account purchasing power, GDP per person was $6,205 in 2014, or 35% below its level of 1985. Mr Vidal goes on to compare Cuba with ten other Latin American countries whose populations are similar in size. Whereas in 1970 Cuba was the second-richest, behind only Uruguay, in 2011 (the latest year for which data are available) it was in sixth place in income per person, having been overtaken by Panama, Costa Rica, the Dominican Republic and Ecuador.

Cuba’s decline is above all because of lack of investment, says Mr Vidal. But a shrinking and ageing population plays a part, too. He finds that the reforms have brought about a modest increase in income and even in productivity. They “go in the right direction but have fallen short”, he concludes.

For Mr Díaz-Canel and his reformist colleagues the message is clear: speeding up change carries political risks, but not doing so involves economic ones.

 

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