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Pavel Vidal Alejandro

Original Article

Para alcanzar un resultado significativo y sostenible se necesita avanzar mucho más y ofrecer claridad y confianza al campesino de que la política para el sector agrícola se va a distanciar, definitivamente, de los errores del pasado.

September 05, 2021

Durante los últimos dos años hemos escuchado hablar al gobierno cubano de descentralización de los municipios y del reforzamiento de la autonomía de las autoridades locales para definir estrategias de desarrollo, manejar recursos y atraer inversión extranjera, entre otros temas. Donde más se ha avanzado en esta dirección ha sido en la agricultura.

El gobierno ha venido publicitando su nueva estrategia para la comercialización de los productos agropecuarios y para la formación de los precios de los alimentos. Las autoridades de los ministerios de Agricultura, de Finanzas y de Economía han venido destacando que con la nueva política agropecuaria se eliminó el monopolio de Acopio, la empresa estatal dedicada a la comercialización mayorista. La directora de comercialización del Ministerio de Agricultura refería en el programa televisivo Mesa Redonda el 2 de agosto de 2021: “No hay monopolio. Todos son una familia de comercializadores”.

Diversos analistas y medios de prensa se hicieron eco de la noticia sobre la eliminación de los topes de precio en la agricultura cubana desde el 30 de julio. Sin embargo, se debe tener cuidado sobre la interpretación y alcance de esta noticia, pues no necesariamente indica un cambio definitivo en la política de precios en el sector.

Acopio y la “familia de comercializadores”

Cuando se revisan las normas publicadas en la Gaceta 49 del 4 de mayo de 2021, se aprecia que, en efecto, las nuevas normas permiten una mayor participación de diferentes actores no estatales en la comercialización agrícola. Sin embargo, en el Artículo 18 del Decreto 35 del Consejo de Ministros, se especifica que

  • “los productores pueden vender a otras formas de comercialización existentes en el país, los productos que por problemas logísticos y financieros de las entidades acopiadoras y comercializadoras no puedan ser comprados…”
  • “Los productos contratados que no se adquieran por las entidades acopiadoras y comercializadoras por causas imputables a estas, se pueden vender por las cooperativas o productores […] a otras formas de comercialización existentes en el país.”

Es decir, se mantiene Acopio con el monopolio para la primera opción de compra. Los campesinos y cooperativas agropecuarias solo pueden vender en los mercados lo que no contrata Acopio, o lo que contrata y luego no puede comprar por alguna razón.

Adicionalmente, en esta lógica de “economía de municipio” se define en el mismo Decreto que “los consejos provinciales y los consejos de la Administración Municipal ejercen la supervisión y control del funcionamiento del sistema de comercialización agropecuaria”.Y se encuentran entre las funciones de los consejos provinciales:

  • Definir los destinos a contratar y los precios de los productos agropecuarios que circulan entre sus municipios a partir de la propuesta de sus comités de contratación.
  • Monitorear los precios establecidos por los consejos de la administración municipal.
  • Controlar el funcionamiento de los mercados agropecuarios.

Aparece así esta figura en la economía de municipio nombrada “comité de contratación de las producciones agropecuarias”. Estos están presididos por el gobernador de la provincia y el intendente del municipio. Lo interesante de estos comités es que incluyen entre de sus integrantes, además de autoridades locales y las empresas estatales en la agricultura, a cooperativas y campesinos individuales.

Además de hacer propuestas para la contratación, esos comités municipales tienen como una función primordial “concertar para su territorio los precios de acopio mayoristas y minoristas y los precios por acuerdo aplicables a los productos agropecuarios que no tengan precios centralizados, de conformidad con los márgenes comerciales establecidos…”

A partir de esta norma, las autoridades cubanas vienen señalando que ya hay muy pocos precios topados centralmente, que estamos en un escenario de “precios concertados”. Ciertamente, es muy importante tomar en cuenta a los productores en la definición de estos precios, pero las normas publicadas no especifican cómo van a funcionar estos comités de contratación. No parece que vayan a operar bajo un sistema de votación. No conocemos qué poder de negociación real tendrán las cooperativas y campesinos en estos comités.

El éxito que espera el gobierno de la “economía de municipio” tiene como explicación que en la base se tiene mejor información sobre los problemas, los desequilibrios y las necesidades locales. El argumento es que esto permitirá tomar mejores decisiones que cuando se tomaban centralmente en los ministerios en La Habana. Ello puede tener algo de razón, pero también es cierto que la sustitución de los mecanismos de mercado para la formación de precios es una tarea compleja aun a nivel municipal, sobre todo si los productores no participan en una negociación real en igualdad de condiciones con las autoridades locales.

La capacidad profesional en todos los municipios para asumir todas estas nuevas tareas es otra duda legítima. También pueden aparecer dudas sobre la efectividad de tener precios agrícolas muy diferentes entre los municipios. Las diferencias injustificadas de precios por regiones, y la dificultad para entender a cabalidad en un comité todas las dinámicas e interrelaciones detrás de los mercados agrícolas, pueden terminar enviando señales equivocadas a los productores y generando nuevas distorsiones en la agricultura cubana.

Dado que la norma deja un amplio grado de discrecionalidad para el funcionamiento de los comités de contratación, lo más probable es que aparezcan algunas buenas experiencias y otras muy malas. Tal vez lo más positivo de esta municipalización sea permitir recoger información sobre las mejores prácticas para luego poder reproducirlas. Seguramente las mejores experiencias estarán en los comités que concerten precios más cercanos a los valores que reflejan los mercados, toda vez que emitirán las señales que se requieren para acomodar las producciones y la demanda de cada uno de los alimentos a la realidad municipal y nacional.

Topes de precio e intermediarios

Otra confusión que se genera sobre la nueva política de comercialización agrícola se origina en la Resolución 320 de 2021 del Ministerio de Finanzas y Precios del 30 de julio de este año. En esta norma, efectivamente, se eliminaron los referentes de precios máximos agropecuarios fijados en las resoluciones 18 y 84 de inicios de año.

Pero las resoluciones 18 y 84, simplemente, habían fijado un límite a los precios agropecuarios para evitar un aumento desmedido como consecuencia de la reforma monetaria y de la devaluación de la tasa de cambio oficial del peso cubano. Y como las estimaciones oficiales sobre el impacto inflacionario de la devaluación han quedado muy por debajo de la inflación de mercado, estos límites quedaron obsoletos, resultaban contraproducentes y se eliminaron. Sirva también este ejemplo reciente para mostrar lo difícil que resulta entender los múltiples factores que mueven los precios en una economía.

La Resolución 320 elimina estos límites máximos en los precios, pero no necesariamente debe interpretarse como un cambio en la política de precios. Los comités de contratación están vigentes, así como la autoridad de los gobiernos locales para definir los precios de los productos agropecuarios que circulan entre sus municipios.

La ministra de Finanzas lo dejó bien claro en el programa televisivo Mesa Redonda el pasado 2 de agosto: “Se elimina el tope, pero sin detrimento de la facultad de autoridades provinciales y municipales para establecer precios minoristas de venta a la población que tomen en cuenta las necesidades y realidades territoriales. Ratificamos que esas facultades se mantienen, como también se mantiene la responsabilidad de las autoridades locales en el enfrentamiento a precios especulativos y abusivos” (Mesa Redonda, 2 de agosto de 2021).

Otro asunto en el que insisten las nuevas normas para la comercialización agrícola es en la eliminación de intermediarios. Se busca que sean los mismos productores quienes se ocupen de comercializar sus producciones en los mercados, con vistas a abaratar los precios finales que llegan al consumidor. La directora de comercialización del Ministerio de Agricultura lo denominó “autogestión” (Mesa Redonda, 2 de agosto de 2021).

Si bien ello puede ser factible y beneficioso para los productores a escala local, parece estarse negando, una vez más, el papel que cumplen los comercializadores especializados en la cadena de valor de cualquier mercado de mayor escala.

El artículo 20 del referido decreto limita la comercialización mayorista de productos agropecuarios a empresas estatales, cooperativas agropecuarias, poseedores de tierras y vendedores mayoristas de productos agropecuarios.

En este último caso, se trata de un vendedor mayorista que tendría que operar bajo la figura de trabajador por cuenta propia. Sin embargo, la norma no permite la presencia de pymes privadas, cooperativas no agropecuarias especializadas en comercialización, cooperativas de segundo grado, o empresas mixtas o extranjeras para estos fines. En el artículo 30 sobre la comercialización minorista se relacionan los mismos actores, solo añadiendo como novedad a las cooperativas no agropecuarias creadas para esos propósitos.

Ya conocemos que vienen en camino otras normas para reforzar el papel de la empresa estatal socialista en la agricultura. Pero la historia y datos irrefutables nos sugieren que nada nuevo y provechoso podemos esperar de ellas. El ministro de la Agricultura anunció en el programa televisivo Mesa Redonda del 18 de agosto: “ya está la base para el diseño del sistema empresarial estatal agroindustrial municipal, que ya está en fase de aprobación del Comité Ejecutivo y después irá a su implementación”.

El sector de la agricultura, ganadería y silvicultura cubano apenas presentó un crecimiento promedio anual de 0,5% durante la década pasada. La sustitución de importaciones, la soberanía alimentaria y el vaso de leche para cada cubano quedaron como promesas incumplidas de los primeros Lineamientos.

La llamada “actualización” acumuló innumerables transformaciones económicas, organizativas y cambios en las normas jurídicas, pero sin querer introducir verdaderas lógicas e incentivos de economía de mercado en el sector agropecuario.

Vietnam, que sí se ha movido en esta dirección con determinación y ha transformado radicalmente su modelo económico, logró un crecimiento sostenido promedio anual del sector agropecuario de 3,9% durante los años 90 y de 3,8% en los 2000. Con estos crecimientos logró incrementar su capacidad de producción de alimentos en 50% durante la primera década y la duplicó al cabo de veinte años.

Con la economía de municipio estamos nuevamente en el terreno de lo experimental, a pesar de todos los fracasos que el gobierno cubano ha acumulado durante tres décadas cuando ha tratado de relajar a medias o ha intentado solo “actualizar” el modelo de command economy, también llamado socialismo burocrático, entre otras posibles denominaciones.

Nada asegura que el cambio de la escala territorial (a los municipios) vaya a garantizar el éxito de los mecanismos administrativos en la contratación y en la formación de precios que no funcionaron a nivel nacional.  Ya es conocida la resistencia del gobierno cubano a considerar reformas plenas de mercado. Cuando existe una variante intermedia, esta siempre ha sido la preferencia oficial.

En resumen, sí se aprecia en las normas publicadas este año una flexibilización de los mecanismos de comercialización, pero sin que se lleguen a instrumentar verdaderos incentivos y señales de mercado para el sector agropecuario. Es posible que se vean algunos resultados positivos puntuales. Pero para alcanzar un resultado significativo y sostenible se necesita avanzar mucho más y ofrecer claridad y confianza al campesino de que la política para el sector agrícola se va a distanciar, definitivamente, de los errores del pasado.

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FROM DRIED FRUIT TO BIKE REPAIR, CUBAN ENTREPRENEURS PREPARE FOR A MORE OPEN ECONOMY

By Marc Frank and Anett Rios

Original Article: , Cuban Entrepreneurs Prepare for a More Open Economy

HAVANA, Aug 27 (Reuters) – Cuban entrepreneurs, running businesses ranging from selling dried fruit to repairing bikes and developing software, are scrambling to understand the opportunities and challenges ahead after a landmark change in the rules governing the Communist-run economy.

Earlier this month, the government released regulations about a reform that would allow small- and medium-sized ventures to formally incorporate as businesses and access state financing, ending decades of classifying them as ‘self-employed’.

The measure is seen by many analysts as one of the most important reforms undertaken since all businesses – down to shoe-shine boys – were nationalized in 1968 by former leader Fidel Castro.

Omar Everleny, one of Cuba’s best-known economists, described the reform as a very positive one, long-sought by many Cubans.  It does have important limits – for instance, people can own no more than one business and cannot contract foreign partners or carry out direct foreign trade.  “Given the economic situation and remaining restrictions, it will not mean a big economic improvement in the short term,” cautioned Everleny.

For Nayvis Diaz, founder of Velo Cuba, a bicycle repair and rental company with 17 employees in Havana, it marks a significant change, however.  “What is important is we are now fully part of the economy and no longer marginalized,” she said.  “Many people with a lot of social and business responsibilities in the city, and many others in the private sector, were waiting for this.”

The measure forms part of a package of market-oriented reforms undertaken by Cuban President Miguel Diaz-Canel over the last year, as the coronavirus pandemic and tougher U.S. sanctions tipped the shaky economy into a tailspin and led to shortages of food, medicine and other basic goods.

Cuba’s economy contracted by 10.9% in 2020 and shrank another 2% this year through June, compared with the same period in 2020. It remains reliant on tourism and imports.

The Fernandez brothers, who own Deshidratados Habana, Cuba’s only company processing and selling dried fruits, were nevertheless enthusiastic.  Nayvis Dias (C), founder of Velo Cuba, speaks to employees at her bicycle repair and rental company in Havana, Cuba, August 25, 2021. REUTERS/Alexandre Meneghini    “A bad economy can present opportunity,” Oscar Fernandez said, standing amid makeshift ovens and other equipment in his basement. The company began when the pandemic forced their cafeteria to close, he explained.

THE HORIZON HAS OPENED

Hundreds of small businesses have found niches in a state-dominated economy short on imagination and initiative: from gourmet restaurants and 3D-parts manufacture to software development, home delivery, landscaping and construction contracting.

The private sector, excluding farmers, has expanded since the 1990s to encompass more than 600,000 self-employed license holders. It includes small-business owners, non-agriculture cooperatives, their employees and members, tradespeople and taxi drivers.

The Fernandez family business sells dried fruit online and has placed their product at three upscale private food shops in Havana.  “The horizon has opened,” said Oscar, who holds a doctorate in economics. “Once incorporated we can establish relations with state and private supply chains and market our product to whomever – from state-run stores to hotels, as well as export and seek financing from local banks or abroad.”

Diaz, in her workshop crowded with bicycles, was also enthusiastic about the prospects for growth, adding that she would be cautious and consult her lawyer and accountant every step of the way.  “We have to analyze the economic context closely because we will have an increasing responsibility with all the people that we are going to hire in our companies,” she said.

The Fernandez brothers have drawn up plans for a small factory that would process a ton of fruit daily, including for export. They dream of owning a store that sells their products.  “We have the land and suppliers lined up. We just need about $100,000 in financing,” Oscar said.

But one major worry remains – one shared by many Cubans on social media.  “We still have to see what happens in practice: how far the government really allows us to develop,” Ricardo Fernandez said.

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CUBA APPROVES LONG-SOUGHT LEGAL STATUS FOR PRIVATE BUSINESSES

Reuters, Jun 02, 2021  

Marc Frank

Original Article

HAVANA — Cuba has approved a reform that includes long-sought legal status for private businesses that began operating decades ago under the title of “self-employed,” state-run media reported on Wednesday.

Top officials have said for months they were planning changes to sort out rules for state-run companies and private cooperatives and businesses so they can function on an equal footing in the Communist-run country.

The Council of Ministers agreed the measure at its latest closed-door session, state-run media wrote, without detailing when it would become law.

The reform would include legal status for the private sector’s thousands of businesses from eateries and garages to construction and beauty salons and for cooperatives.

“With this decision we are approving how to organize the actors in our economy, which goes much further than the simple recognition of some of them,” Communist Party leader and President Miguel Diaz Canel was quoted as stating.

Unlike Communist Party-ruled China and Vietnam, Cuba has been slow to implement market reforms to its Soviet-style command economy.  But the government has picked up the pace in the face of a severe economic crisis and food, medicine and other shortages it blames largely on U.S. sanctions and the COVID-19 pandemic, while admitting failure to reform is also at fault.

Still, Prime Minister Manuel Marrero Cruz emphasized the state would remain the dominant economic player, insisting “we are not privatizing the economy,” according to the report.

Private farmers and cooperatives have operated for decades in Cuba in agriculture. The “self-employed” sector meanwhile – that includes businesses, their employees, trades people and others such as taxi drivers – has expanded over the past decade to include more than 600,000 workers.  Thousands more work in non-agricultural cooperatives, a new category allowed in 2012. Authorities had suspended issuing new licenses for such cooperatives but under the new reform will start issuing them once more.  All in all, the private sector now makes up around a third of the six million strong labor force.

Oniel Diaz, co-founder of the private businesses consultancy AUGE, said approval signaled a further expansion of the private sector was on its way, but it still could take a while.  “The wait continues,” he tweeted.

 (Reporting by Marc Frank; additional reporting by Sarah Marsh; Editing by Nick Macfie)

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New Publication: CUBA EMPRESARIAL: EMPRENDEDORES ANTE UNA CAMBIANTE POLÍTICA PÚBLICA

March 12, 2021 by Arch Ritter

I have just received a copy of our new volume,

CUBA  EMPRESARIAL. EMPRENDEDORES ANTE UNA CAMBIANTE POLÍTICA PÚBLICA, by Ted Henken and Archibald Ritter, 2020, Editorial Hypermedia Del Libro of Spain.  This is an up-dated Spanish-language version of the book ENTREPRENEURIAL CUBA: THE CHANGING POLICY LANDSCAPE, by Archibald Ritter and Ted Henken.

The publication details of the volume are as follows:

  • Paperback : 536 pages
  • ISBN-10 : 1948517612
  • ISBN-13 : 978-1948517614
  • Dimensions : 6 x 1.34 x 9 inches
  • Item Weight : 1.96 pounds
  • Publisher : Editorial Hypermedia Inc
  • Publication Date: November 19, 2020
  • Language: : Spanish
  • Paperback, $21.90

Nuestro nuevo libro sobre el sector empresarial de Cuba, “Entre el dicho y el hecho va un buen trecho” a la venta AHORA a un precio accesible: US $21.90. It can be ordered from Amazon here: Cuba empresarial: Emprendedores ante una cambiante política pública (Spanish Edition): Henken, Ted A, Ritter, Archibald R. M.: 9781948517614: Amazon.com: Books

Some Brief Reviews:

Carmelo Mesa-Lago. Hasta ahora, este libro es el más completo y profundo sobre la iniciativa privada en Cuba.

Cardiff Garcia. Este libro aporta una lúcida explicación a la particular interacción entre el incipiente sector privado en Cuba y los sectores gubernamentales dominantes. 

Sergio Díaz-Briquets. Cuba empresarial es una lectura obligada para los interesados en la situación actual del país. Su publicación es oportuna no sólo por lo que revela sobre la situación económica, social y política, sino también por sus percepciones sobre la evolución futura de Cuba.

 

Richard Feinberg.Los autores reconocen la importancia de las reformas de Raúl Castro, aunque las consideran insuficientes para sacar a la economía cubana de su estancamiento. 

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EMPRENDIMIENTO EN CUBA: ¿ENFOCADO AL DESARROLLO ECONÓMICO?

ECON. Y DESARROLLO vol.164 no.2 La Habana Jul.-dic. 2020  Epub 19-Jul-2020

Ileana Díaz Fernández1  * 

http://orcid.org/0000-0002-6310-2982

1Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), Universidad de La Habana, Cuba.

RESUMEN

El artículo presenta el análisis de la evolución del trabajo por cuenta propia en Cuba desde 1976 hasta la actualidad. Describe las características esenciales de cada etapa con sus avances y retrocesos. Asimismo, se inserta en el debate sobre el papel otorgado al trabajo por cuenta propia en el desarrollo económico del país, a partir del estudio de las regulaciones y los resultados de investigaciones de campo. Por último, se detiene en las normativas jurídicas puestas en vigor en diciembre de 2018 y las insuficiencias de las mismas.

Palabras clave: desarrollo económico; emprendimiento; políticas públicas; trabajo por cuenta propia

INTRODUCCIÓN

En el mundo actual es imposible hablar de desarrollo sin mencionar la innovación y el emprendimiento. Si bien estas dos categorías no significan lo mismo y de alguna manera el emprendimiento es, a nivel de ciencia, el hermano menor de la innovación, no deja de ser cierto que se relacionan, sobre todo cuando se habla de emprendimientos dinámicos.

El estudio del emprendimiento y su debate científico en la literatura es bastante reciente, de finales del siglo pasado e inicios de este. La discusión sobre el tema pasó del análisis del espíritu emprendedor individual al de proceso, que incluye el contexto. Así, emprender es convertir una oportunidad en un negocio, en un entorno, momento y lugar determinado. No hay recetas, solo enfoques conceptuales generales y mucha experiencia práctica.

Cuba, un país que busca el desarrollo, ha elegido diversas vías para ello -en general malogradas- sin enfatizar con la fuerza necesaria en la innovación y mucho menos en el emprendimiento, visto vinculado al enriquecimiento individual y no en su amplio sentido que incluye el intraemprendimiento en empresas existentes. La apertura al trabajo por cuenta propia muestra el espíritu emprendedor de parte de la población, que bien pudiera aprovecharse dentro de las empresas estatales.

El presente trabajo tiene la intención de analizar la evolución del llamado «trabajo por cuenta propia» desde su resurgimiento en los años setenta hasta la actualidad y de interpretar, a partir de la legislación, el papel que se le ha otorgado a este tipo de trabajo en la economía cubana. Para este empeño se estudió la legislación desde 1976 hasta la actualidad, los resultados de investigaciones de campo actuales y sus antecedentes y la estadística disponible.

Continuacion:  EMPRENDIMIENTO EN CUBA

CONCLUSIONES

Una mirada contextualizada de las regulaciones sobre el trabajo por cuenta propia nos indica que, de todas las etapas analizadas, la de los años setenta no direcciona el trabajo por cuenta propia por derroteros coyunturales ni por exceso de población en edad laboral ni por la economía sumergida, sino como parte del sistema de dirección de la economía, como complemento necesario para un desarrollo ulterior. Esto no está expresamente declarado ni en la plataforma programática ni en las tesis y resoluciones del Primer Congreso del PCC; no obstante, el hecho de establecer este tipo de trabajo desde el experimento del Poder Popular en Matanzas pudiera indicar la intención de concebirlo como alguna de las vías necesarias para hacer crecer la economía.

Al analizar la etapa de los noventa el trabajo por cuenta propia es la típica medida para paliar la crisis, por vez primera se concibe como forma de empleo ante el cierre parcial o total de empresas estatales. Ciertamente esta medida junto a otras conocidas como la apertura a la inversión extranjera, el desarrollo del turismo, la descentralización del comercio exterior y la despenalización del dólar, permitieron que creciera la economía. Sin embargo, justo a partir de esos crecimientos comienza a endurecerse la legislación y el descenso en el trabajo por cuenta propia. En todos esos años el enfoque de este tipo de trabajo es coyuntural, para solucionar problemas derivados de la crisis, por lo que no se toman acciones legislativas e institucionales para permitir el su desenvolvimiento a largo plazo.

En la segunda década de los 2000 el trabajo por cuenta propia parece llegar para quedarse y derivar en las pequeñas y medianas empresas privadas defendidas tanto en la conceptualización como la constitución. Pero la ausencia de coherencia, estabilidad y transparencia en la política hacia este tipo de trabajo en esos años y especialmente en las últimas normativas jurídicas de 2018, expresan una intencionalidad ajena a concebirlo como emprendimiento dinámico, que pueda ser el germen de las empresas privadas que se desempeñen en vínculo con las empresas estatales.

La historia del trabajo por cuenta propia muestra que nunca se ha concebido como un actor más con todos sus derechos y deberes como cualquier otra empresa y que, por tanto, no tiene un destacado papel en el crecimiento económico del país. Si importante es hoy que el trabajo por cuenta propia haya creado medio millón de puestos de trabajo, aporte al presupuesto y participe del PIB, mucho más importante sería crearle las condiciones para su sano desarrollo, que propiciaría densidad al tejido empresarial y generaría un efecto multiplicador del cual se beneficiaría, ante todo, el pueblo. La sostenibilidad de este tipo de negocio es un reto, sobre todo en países en desarrollo por no existir la institucionalidad necesaria que incentive el desenvolvimiento hacia negocios dinámicos y de crecimiento.

 

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“EN VEZ DE SERVIR PARA REGULAR, LA LEY SIRVE PARA CONVERTIR A LA POBLACIÓN EN DELINCUENTES”

Hypermedia, 10 de Diciembre de 2018.

Ted A. Henken & Archibald R. M. Ritter

From Hypermedia, LA LEY…..

Original from the book entitled Entrepreneurial Cuba, The Changing Policy Landscape, Lynne Rienner Publishers, Boulder Colorado.

En el verano de 1992, el gobierno cubano despenalizó la posesión y el uso del dólar estadounidense, legalizando así una actividad realizada por un gran número de personas. Esta medida aceleró el proceso de “dolarización” de la economía y estimuló y legitimó aún más la búsqueda popular del dólar mediantes actividades de la economía clandestina. Posteriormente, el 8 de septiembre de 1993, entró en vigor el Decreto Ley 141 que legalizaba el trabajo autónomo, bajo el término “trabajo por cuenta propia” (Granma). Esto representó un cambio de política decisivo, que permitió a estas microempresas salir de la clandestinidad y funcionar de manera más eficaz, eficiente y rentable.

Con la aparición de la microempresa fuera de la clandestinidad en aquellos años, comenzó a evidenciarse una suerte de jerarquía. El espectro de escala y éxito sería más pronunciado en las escasas ocupaciones de mayor envergadura y dinamismo, especialmente: las casas particulares, los taxis, y los paladares que estaban conectados con la floreciente industria del turismo.

La ley del trabajo por cuenta propia se creó originalmente para aplicarse a los cubanos que ya brindaban servicios a otros ciudadanos, por lo cual la mayoría de las licencias y las tarifas fijas mensuales se pagaban en pesos. Sin embargo, con la expansión acelerada del turismo a lo largo de la isla en la década de 1990, algunas empresas, especialmente en las áreas de los servicios alimenticios, el transporte, y el alojamiento, comenzaron a brindar servicios a extranjeros y a cobrarles en dólares americanos. Como consecuencia parcial, se añadieron algunas modificaciones a la legislación original entre 1995 y 1997, incluyendo la expansión de los servicios alimenticios (1995), el transporte (1996) y el alquiler de casas particulares (1997), en la lista de ocupaciones permisibles, puesto que los cuentapropistas de estos tres sectores, a menudo, brindaban sus servicios a extranjeros y obtenían ingresos en dólares.

Estas tres ocupaciones —el transporte, el alquiler de habitaciones y los servicios de alimentos — se convirtieron rápidamente en las ocupaciones privadas más populares durante el “Período Especial”. Y una vez más reemergieron como las más comunes —junto a los trabajadores contratados—, luego de la reapertura y la expansión significativa del trabajo por cuenta propia después de octubre de 2010.

Para continuar: La Ley…..

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PUNTO FIJO: CUENTAPROPISTAS

El Nuevo Día,  miércoles, 13 de mayo de 2015

por Jorge Duany

En febrero pasado, el gobierno cubano reportó 489,929 trabajadores por cuenta propia, el 9.6% de la fuerza laboral. Dicha cifra representa más del triple de la cantidad registrada inicialmente cuando el gobierno autorizó el autoempleo en 1993, en plena crisis económica bautizada como “Período Especial en Tiempos de Paz”. Conocidos popularmente como “cuentapropistas”, miles de cubanos emprendedores han establecido pequeños negocios privados, especialmente en la elaboración y venta de alimentos, el transporte de pasajeros y el arrendamiento de viviendas.

Este es el tema central del valioso libro del economista canadiense Archibald R. M. Ritter y el sociólogo estadounidense Ted A. Henken, “Entrepreneurial Cuba: The Changing Policy Landscape” (Boulder: FirstForumPress, 2015). Los autores se proponen explicar las causas y consecuencias socioeconómicas del auge del trabajo por cuenta propia durante la era de Raúl Castro (2006–2014).

El estudio se basa en entrevistas a profundidad con 60 microempresarios cubanos, completadas entre 1999 y 2009, así como en extensas observaciones sobre el terreno de varios negocios independientes. Su análisis se concentra en tres sectores  económicos vinculados a la industria turística: los paladares (pequeños restaurantes familiares), las casas particulares (alquiladas a extranjeros) y los taxis privados, incluyendo los “bicitaxis”, “cocotaxis” y “almendrones”, como llaman los cubanos a los antiguos carros americanos. En el 2010, el gobierno cubano anunció el despido de 500,000 empleados estatales “redundantes” como parte de la “actualización” del modelo económico en la Isla. Al mismo tiempo, fomentó la expansión de empleos en el sector no estatal, muchos de los cuales ya se realizaban clandestinamente.

El número de oficios autorizados para el trabajo por cuenta propia incrementó de 55 en 1993 a 201 en el 2013. El grueso son ocupaciones de servicios poco calificados, como aguador, amolador, barbero, jardinero, limpiabotas, mago, masajista, mensajero, payaso, peluquera y productor de piñatas. A la vez, se sigue prohibiendo el autoempleo en los servicios profesionales y técnicos, excepto profesores de idiomas, música y arte, programadores de computadoras y reparadores de equipos electrónicos y de oficina. Según Ritter y Henken, aún persisten numerosas restricciones burocráticas, desincentivos económicos y obstáculos ideológicos al trabajo por cuenta propia en Cuba. Para empezar, las tasas impositivas mucho más onerosas que para la inversión extranjeramantienen artificialmente el tamaño pequeño de las empresas. Más aún, la estigmatización de los cuentapropistas como “macetas” (adinerados, en el argot cubano) niega la legitimidad del motivo de lucro individual. El discurso oficial ni siquiera utiliza los términos “mercado” o “sector privado” al referirse a las pequeñas empresas independientes, sino al “sector no estatal”. El crecimiento del cuentapropismo tiene implicaciones políticas en Cuba, en tanto permite ensanchar un segmento de la población que no depende del gobierno para su sustento. Asimismo, subvierte algunas premisas claves del gobierno, como el monopolio estatal de los medios de producción, la planificación central, la distribución equitativa de los ingresos y la política de pleno empleo.

Los autores de “Entrepreneurial Cuba” recuerdan que la confiscación estatal de todos los establecimientos comerciales privados a fines de la década de 1960 agravó la escasez de productos básicos, infló los precios de bienes y servicios y deprimió los niveles de vida de la población cubana. La intensa antipatía oficial contra cualquier “timbiriche” (pequeña tienda al aire libre) estuvo vigente hasta principios de la década de 1990. Según los autores, las reformas económicas iniciadas por el gobierno de Raúl Castro han impulsado la recaudación de impuestos, ayudando a subsidiar servicios sociales y estimulando nuevas fuentes de ingresos. Sin embargo, Ritter y Henken recomiendan legalizar el autoempleo en todas las actividades económicas incluyendo los servicios profesionales, reducir los impuestos y aumentar la cantidad de trabajadores empleados en cada empresa. Solo entonces podrá el cuentapropismo desempeñar un papel protagónico en la revitalización de la precaria economía cubana.

Jorge Duany

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BOOK REVIEW, ENTREPRENEURIAL CUBA: THE CHANGING POLICY LANDSCAPE

Boulder, CO: First Forum Press, 2015. 373 pp.

By Archibald R. M. Ritter and Ted A. Henken

Review by Sergio Díaz-Briquets,

Cuban Studies, Volume 46, 2018, pp. 375-377, University of Pittsburgh Press

The small business sector, under many different guises, often has been, since the 1960s, at the center of Cuban economic policy. In some ways, it has been the canary in the mine. As ideological winds have shifted and economic conditions changed, it has been repressed or encouraged, morphed and gone underground, surviving, if not thriving, as part of the second or underground economy. Along the way, it has helped satisfy consumer needs not fulfilled by the inefficient state economy. This intricate, at times even colorful, trajectory has seen the 1968 Revolutionary Offensive that did away with even the smallest private businesses, modest efforts to legalize self-employment in the 1979s, the Mercados Libres Campesinos experiment of the 1980s, and the late 1980s ideological retrenchment associated with the late 1980s Rectification Process.

Of much consequence—ideologically and increasingly economically—are the policy decisions implemented since the 1990s by the regime, under the leadership of both Castro brothers. Initially as part of Special Period, various emergency measures were introduced to allow Cuba to cope with the economic crisis precipitated by the collapse of the communist bloc and the end of Soviet subsidies. These early, modest entrepreneurial openings were eventually expanded as part of the deeper institutional reforms implemented by Raúl upon assuming power in 2006, at first temporarily, and then permanently upon the resignation of his brother as head of the Cuban government.

In keeping with the historical zigzag policy pattern surrounding small businesses activities—euphemistically labeled these days as the “non-state sector”—while increasingly liberal, they have not been immune to temporary reversals. Among the more significant reforms were the approval of an increasing number of self-employment occupations, gradual expansion of the number of patrons restaurants could serve (as dictated by the allowed number of chairs in privately owned paladares), and the gradual, if uneven, relaxation of regulatory, taxing, and employment regulations. Absent has been the authorization for professionals (with minor exceptions, such as student tutoring) to privately engage in their crafts and the inability to provide wholesale markets where self-employed workers could purchase inputs for their small enterprises.

The authors of this volume, an economist and a sociologist, have combined their talents and carefully documented this ever-changing policy landscape, including the cooperative sector. They have centered their attention on post–Special Period policies and their implications, specifically to “evaluate the effects of these policy changes in terms of the generation of productive employment in the non-state sector, the efficient provision of goods and services by this emergent sector, and the reduction in the size and scope of the underground economy” (297).

While assessing post-1990 changes, Entrepreneurial Cuba also generated a systematic examination of the evolution of the self-employment sector in the early decades of the revolution in light of shifting ideological, political, and economic motivations. Likewise, the contextual setting is enhanced by placing Cuban self-employment within the broader global informal economy framework, particularly in Latin America, and by assessing the overall features of the second economy in socialist economies “neither regulated by the state nor included in its central plan” (41). These historical and contextual factors are of prime importance in assessing the promise and potential pitfalls the small enterprise sector confronts in a changing Cuba.

Rich in its analysis, the book is balanced and comprehensive. It is wide ranging in that it carefully evaluates the many factors impinging on the performance of the small business sector, including their legal and regulatory underpinnings. The authors also evaluate challenges in the Cuban economic model and how they have shaped the proclivity for Cuban entrepreneurs to bend the rules. Present is a treatment of the informal social and trading networks that have sustained the second economy, including the ever-present pilfering of state property and the regulatory and transactional corruption so prevalent in Cuba’s centralized economy.

While none of the above is new to students of the Cuban economy—as documented in previous studies and in countless anecdotal reports—Ritter and Henken make two major contributions. First, they summarize and analyze in a single source a vast amount of historical and contemporary information. The value of the multidisciplinary approach is most evident in the authors’ assessment of how the evolving policy environment has influenced the growth of paladares, the most important and visible segment of the nonstate sector. By focusing on this segment, the authors validate and strengthen their conclusions by drawing from experiences documented in longitudinal, qualitative case studies. The latter provide insights not readily gleaned from documentary and statistical sources by grounding the analysis in realistic appreciations of the challenges and opportunities faced by entrepreneurial Cubans. Most impressive is the capacity of Cuban entrepreneurs to adapt to a policy regime constantly shifting between encouraging and constraining their activities.

Commendable, too, is the authors’ balanced approach regarding the Cuban political environment and how it relates to the non-state sector. Without being bombastic, they are critical of the government when they need to be. One of their analytical premises is that the “growth of private employment and income represents a latent political threat to state power since it erodes the ideals of state ownership of the means of production, the central plan, and especially universal state employment” (275).

This dilemma dominates the concluding discussion of future policy options. Three scenarios are considered possible. The first entails a policy reversal with a return to Fidel’s orthodoxy. This scenario is regarded as unlikely, as Raúl’s policy discourse has discredited this option. A second scenario consists of maintaining the current course while allowing for the gradual but managed growth of the non-state sector. While this might be a viable alternative, it will have limited economic and employment generation effects unless the reform process is deepened by, for example, further liberalizing the tax and regulatory regimes and allowing for the provision of professional services.

The final scenario would be one in which reforms are accelerated, not only allowing for small business growth but also capable of accommodating the emergence of medium and large enterprises in a context where public, private, and cooperative sectors coexist (311). As Ritter and Henken recognize, this scenario is unlikely to come to fruition under the historical revolutionary leadership, it would have to entail the resolution of political antagonisms between Washington and Havana, and a reappraisal by the Cuban government of its relationship with the émigré population. Not mentioned by Ritter and Henken is that eventual political developments—not foreseen today—may facilitate the changes they anticipate under their third scenario.

In short, Entrepreneurial Cuba is a must-read for those interested in the country’s current situation. Its publication is timely not only for what it reveals regarding the country’s economic, social, and political situation but also for its insights regarding the country’s future evolution.

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Table of Contents

 Table of Contents,

 List of Charts and Figures

Chapter I Introduction       

Chapter II      Cuba’s Small Enterprise Sector in International and Theoretical Perspective

Chapter III    Revolutionary Trajectories, Strategic Shifts, and Small Enterprise, 1959-1989

Chapter IV    Emergence and Containment During the “Special Period”, 1990-2006

Chapter V        The 2006-2011 Policy Framework for Small Enterprise under the Presidency of    Raul Castro

Chapter VI    The Movement towards Non-Agricultural Cooperatives

Chapter VII  The Underground Economy and Economic Illegalities

Chapter VIII  Ethnographic Case Studies of Microenterprise, 2001 vs. 2011

Chapter IX  Summary and Conclusions

APPENDIX                                                              

GLOSSARY                                                                                                                         

BIBLIOGRAPHY

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EL PAQUETE: CUBA’S UNDERGROUND NETWORK IS LIKE NETFLIX AND SPOTIFY, WITHOUT THE INTERNET

“Quartz Obsession”

March 16, 2018 at 3:46:38 PM

Cuba has one of the lowest rates of internet usage in the Western Hemisphere, and access to media is strictly restricted—but that doesn’t stop Cubans from watching Game of Thrones. Their secret is El Paquete Semanal (“The Weekly Packet”), a clandestine in-person file-sharing network that distributes hard drives and flash drives full of media.

Nobody quite knows how El Paquete, which has thrived since the mid-2000s, is created or how it makes its way across the country every week. But Cubans have come to rely on the pervasive distribution of music, TV, and movies—not to mention pirated software and e-commerce platforms.

Ultimately, the uniquely Cuban tech phenomenon is proof that just like life in Jurassic Park, information always finds a way—especially when you’re jonesing for the latest episode of a subtitled South Korean soap opera and the closest open internet is an ocean away.

BY THE DIGITS

  • 5.6%: Cuban households with dial-up connections, at speeds of 4–5 kB/s
  • 386%: Cost of household internet service in Cuba as a percentage of per capita GDP
  • 0.007%: Cuban broadband internet penetration (8,157 connections for 11 million people)
  • 2018: Year the Cuban government has promised to offer mobile internet service
  • $2: Cost per hour of public Wi-Fi hotspot access, equivalent to 10% of the average monthly salary
  • $3: Estimated cost of one week’s Paquete, accessed on a Monday
  • $1: Estimated cost on a Wednesday

 

How does it work?

There are a lot of question marks about El Paquete—more accurately, Los Paquetes, as there are reportedly several versions—but this much is clear: At the end of each week, its creator(s) compile the most in-demand media of the week—roughly 15,000 to 180,000 files, 1 terabyte in total. The provenance is murky, but the most likely source is a mix of illicit broadband internet access, secret satellite dishes, and hard drives and flash drives smuggled in from overseas.

From there, it’s top-down distribution. A network of Paquete wholesalers (many based in street-level phone repair and DVD shops) copy the contents onto their own hard drives and flash drives, which are then copied many more times. The last links are the door-to-door Paquete delivery guys, who will bring it to individual residences, copying over select files or the entire thing to customers.

The network is based in the capital Havana, but El Paquete also makes its way to most Cuban towns, with a noticeable time lag. El Paquete is most expensive early in the week; by Thursday or so, prices will have dropped by 50% or more.

 The kingpins of El Paquete

Former engineering student Elio Hector Lopez is one of the people credited with starting El Paquete around 2006, where it built on longstanding clandestine networks used to distribute physical media like books, videotapes, CDs, and DVDs.

“At the beginning we saw this as a way to make money—but after having penetrated the entire country we see it more as a responsibility,” he told NBC in 2015.

“For the time being, El Paquete replaces the Internet for those who don’t have it,” Lopez told Reuters. “If tomorrow El Paquete disappears I don’t know what people would do, it’s like water, or a pill for the Cuban body.” According to the CBC, as of 2016 Lopez had moved to the United States.

“El Paquete was founded by several people, each with a desire to find a way to entertain their towns,” he told Polygon last year. “We wanted to find a way for the island to see the world in ways outside of politics, showing them culture, sports, entertainment, economy and society, showing them all the things going on in the world that weren’t making it to our TVs.”

 Cuba’s make-do culture

El Paquete is a distinct phenomenon of the internet age, but according to Nick Parish, author of a fascinating in-depth study,there’s an interesting precedent in Cuban history. After the collapse of the Soviet Union in 1989 left Cuba reeling, “the military issued a book called “Con Nuestros Propios Esfuerzos” (With Our Own Efforts) that served as a chronicle to survival through shared knowhow, with everything from horticultural knowledge and recipes to herbal medicines to public health to transport, featuring tips submitted by ordinary Cubans.”

“The make-do culture in Cuba, known locally by the term “resolver,” and the propensity for Cubans to bring a unique isolated, constrained lens to solving problems is important to bear in mind as we see some of the features and systems that make el paquete a unique Cuban solution.”

This week’s list

A volunteer site, Paquete de Cuba, lists the weekly contents, though they’re not available for download.

In the absence of actual internet access, techies in Havana and elsewhere have created a homebrewed network called SNET “that reproduces much of the consumer internet we know in the free world,” according to Wired. It includes copycat versions of Facebook and Instagram—and facilitates dissemination of El Paquete.

 

How does advertising work?

There are classifieds in El Paquete. According to a report from the Yugoslavia-based Share Foundation: “If you send an SMS to a certain number, the content of the message will appear in the El Paquete folder ‘classifieds’ in form of a jpeg image that has your message on one half and some advertisement on the other half.”

But local ads are also embedded directly into the content: Users might also see video advertisements for local services embedded at the end of a trailer for a Hollywood movie, or ads sandwiched between magazine pages.

There’s even an e-commerce supplement: “a 199-page PDF catalog with interlinked product pages and ordering instructions, so people can purchase handmade products such as purses, shoes, boots, backpacks, and belts,” according to Nick Parish.

 So, does the government know?

Cuba’s authoritarian government is known for its censorship and intolerance of dissent, which has prompted many conspiracy theories about El Paquete: Is it all a government scheme to placate the masses with the opiate-like effects of western mass media?

There’s perhaps one telltale clue that Raul Castro’s government chooses to tolerate the existence of El Paquete: It contains no porn or political speech, or even western news accounts that might run afoul of the country’s communist party.

“There exists a kind of established agreement in which El Paquete must not reproduce content critical of the government, propaganda, or pornography, and in exchange the state turns a blind eye,” one Paquete distributor told Cubanet.

At least, that was true until recently: Cubanet reports a new folder called “Tremendo lío” (“tremendous mess”) recently appeared in El Paquete, which contains videos from some Cuban social media stars who voice anti-government views, along with those who support it. Is this a brave new era for El Paquete, or a signal that a government crackdown is coming?

“In a country where materials, shopping, and consumption are limited to food and maybe clothing, El Paquete becomes a luxury, a form of asserting one’s independence from the state’s attempts to suppress individuality.”

— “El Paquete: A qualitative study of Cuba’s Transition from Socialism to Quasi-Capitalism,” an undergraduate thesis by Princeton sociology major Dennisse Calle.

“Prefiero gastar un dólar que estar como un zombi. (I would rather spend a dollar than be a zombie.)”

 El Paquete customer Alejandro Batista

 

 

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CUBA ABRE SU PRIMER MERCADO MAYORISTA DESTINADO SOLO A COOPERATIVAS PRIVADAS

EFE,  17 de marzo de 2018 01:15 PM

Original Article: MERCADO MAYORISTA

LA HABANA

Mercabal, el primer mercado mayorista de Cuba, abrió el sábado sus puertas en La Habana destinado inicialmente solo a cooperativas privadas no agropecuarias y con la promesa de extenderlo a los demás trabajadores autónomos de la isla, informa el diario oficial Granma en portada.

El mercado cuenta ya con 35 clientes, que tienen acceso a un descuento del 20 por ciento del precio de venta minorista en productos como frijoles, cigarros, refrescos, cervezas, azúcar, sal, confituras, hamburguesas y salchichas, muy demandados en los restaurantes, cafeterías y bares del sector privado.

El pollo, uno de los alimentos más consumidos, se rebajará hasta un 30 por ciento respecto a su precio en la red minorista, indica Granma, que reconoce que el gobierno cubano responde así a “uno de los reclamos más reiterados de quienes ejercen las nuevas formas no estatales de gestión en el país”.

Localizado por ahora solo en la capital del país, los próximos mercados mayoristas abrirán “de forma paulatina” en el resto de la isla, “una vez que esta propuesta inicial esté en óptimo funcionamiento y en dependencia de los lugares donde más trabajadores por cuenta propia existan”, señaló la ministra.

En Cuba existen hoy más de medio millón de trabajadores privados o “cuentapropistas”, acogidos a las categorías de trabajo permitidas por el gobierno cubano.

Más de 12,000 son socios de cooperativas no agropecuarias, que ya suman unas 420 en todo el país, en su gran mayoría dedicadas a la gastronomía, el comercio, los servicios, la construcción y la industria.

Ubicado en el municipio habanero de Plaza de la Revolución, Mercabal abrirá de lunes a sábado con productos de diez proveedores directos, que reabastecerán el mercado según los pedidos mensuales de los clientes.

Para poder contratar los servicios de la nueva instalación los autónomos deben tener actualizada su ficha de cliente y poseer una cuenta con tarjeta magnética, emitida por el estatal Banco Metropolitano.

La ampliación del trabajo privado -donde se incluyen las cooperativas no agropecuarias- en el 2010 ha sido una de las reformas clave del gobierno del saliente mandatario cubano Raúl Castro para actualizar el modelo socialista y reducir las abultadas plantillas del sector estatal.

Desde agosto, la isla comenzó un proceso de reordenamiento del “cuentapropismo”, dentro del que paralizó temporalmente la entrega de licencias a restaurantes privados y casas de renta turísticas, entre otras actividades, para frenar ilegalidades, “desviaciones” y “corregir deficiencias”.

Las licencias congeladas son, precisamente, las más demandadas del sector.

A pesar de que prometió que no mantendría “por un período de tiempo muy largo” esta medida, el Gobierno cubano aún no ha retomado la entrega de autorizaciones a los autónomos cubanos, que ya representan el 12 por ciento de la fuerza laboral del país.

  

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